Una mirada a la industria musical local en tiempos de COVID-19.


Por Fernanda Piña

Al pasar de los meses, durante la emergencia sanitaria provocada por la COVID-19, comenzó a ser evidente que las consecuencias económicas que esto traería serían significativas para todas las industrias, sin embargo, la industria musical local, que frecuentemente pende de un hilo, ha sido blanco de problemáticas muy específicas. Si para muchas personas es complicado recordar cuándo fue la última vez que asistieron a un concierto de una banda internacional, es aun más difícil ubicar en el tiempo la última vez que vieron a una agrupación local en un foro modesto.

Si bien la tecnología ha permitido que muchos artistas den a conocer su trabajo a través de eventos virtuales, la realidad es que la experiencia para el público dista mucho de ser la que se vive en un concierto. El problema se acentúa al tomar consciencia de la cantidad de personas involucradas en llevar a cabo una presentación musical, por más reducida en audiencia que ésta sea. Músicos, técnicos de audio e iluminación, personal de taquilla, vendedores formales e informales de alimentos, bebidas y accesorios relacionados a los artistas que se van a presentar conforman un ecosistema esencial para satisfacer el ocio de miles de personas diariamente hasta antes del pasado marzo en la Ciudad de México.

Se han hecho esfuerzos para reconocer la labor de una parte del equipo que hace posible un concierto. Uno de los más destacados por su alcance mediático fue el festival ¡Va por el crew!, el cual tuvo como objetivo recaudar fondos para apoyar a una comunidad de más de 61 mil trabajadores, entre técnicos de audio, iluminación y montaje de escenarios, según cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) 2019. Este festival contó con la participación de figuras de la talla de Café Tacvba, Zoé, Julieta Venegas y Carla Morrison, y abrió una plataforma para donaciones a cambio de camisetas, audífonos, mercancía autografiada y boletos para conciertos a realizarse en 2021. A pesar de que se ha hecho un esfuerzo titánico entre el público de este festival, al grado de haber alcanzado hasta el momento más de la mitad de un objetivo de $3,850,000, el panorama de la industria del entretenimiento es más complejo, pues una gran parte de los empleados del staff de un recinto de conciertos no posee un contrato y únicamente recibe una compensación económica por cada evento en el que participa.

Para conocer la situación laboral que atraviesa al personal técnico de la industria del espectáculo, acudí a un ingeniero en audio que trabaja de manera eventual en un conocido recinto de la Ciudad de México, quien desea permanecer anónimo. “La gran mayoría de los compañeros tiene otros trabajos porque no estamos contratados y a veces no se gana mucho dinero por evento. Cerca del 90% de los trabajadores somos eventuales y se nos paga por turno, por eso no hay manera de comprobar nuestro trabajo para recibir apoyos de las iniciativas que se han hecho para la gente del medio. Muchos trabajadores llegan a ganar hasta $250 por evento”, afirma. El empleo informal comprende al 56.2% de la población ocupada, de acuerdo a cifras de la misma ENOE 2019, por lo tanto, el rastreo y registro de los trabajadores del sector del espectáculo es una tarea ardua en sí misma, casi imposible de realizar durante una pandemia.

La sustitución de los conciertos presenciales por eventos en línea ha crecido exponencialmente al pasar de las semanas, al comprender que el regreso al formato tradicional aún se encuentra lejos de ocurrir en el país. Uno de los medios más comprometidos en difundir la agenda, cada vez más nutrida, de conciertos y festivales virtuales es Sopitas. A través de la cuenta de Instagram sopitasfm, destinada a la sección de entretenimiento del medio de noticias, semana a semana se comparte una publicación que recomienda eventos vía streaming, sin embargo, de los 128 eventos que se han anunciado desde que comenzó el confinamiento, sólo diecinueve han sido protagonizados por artistas mexicanos, la mayoría de ellos consolidados en la escena internacional, tales como Molotov, Julieta Venegas o Bronco, sólo por mencionar algunos. La realidad para las agrupaciones de alcance más local es diferente al no contar con el respaldo de medios masivos.

Para conocer de primera mano la experiencia que conlleva ser parte de una banda emergente durante una pandemia, hablé con Luna, vocalista de la agrupación capitalina Random V, que ha encontrado en las redes sociales una plataforma para mantener activo al grupo y continuar llegando a oídos nuevos. “Este año teníamos preparada nuestra primera gira por la República Mexicana y tuvimos que cancelar varias presentaciones, también íbamos a participar en la Marcha del Orgullo LGBT+ en el Zócalo. El lado bueno es que pudimos explorar un poco más lo que podíamos hacer en redes sociales. Llegamos a subir dos videos a la semana, estrenamos canciones nuevas y documentamos nuestro día a día como músicos emergentes. Algo que ha hecho crecer mucho a Random V es que no nos cerramos a nuevas enseñanzas y plataformas”, comenta. Sin embargo, las repercusiones económicas que la banda ha tenido han sido importantes: “Emmanuel, el guitarrista, y yo trabajábamos mucho tocando en el centro de Coyoacán, nos iba bien y con ese dinero solventábamos algunos gastos de Random V. Evidentemente ya no hemos podido hacerlo”. Con frecuencia se pasa por alto el hecho de que gran parte de los músicos locales poseen varias fuentes de ingreso adicionales a sus presentaciones difundidas en sus redes sociales. Gran parte de estas ganancias también dependen de un público presente en las calles y locales comerciales.

Los conciertos a través de las plataformas digitales son una opción para mantener activa a la industria y generar ingresos para los músicos, sin embargo, no beneficia de manera significativa al resto del equipo que trabaja para hacer posible un concierto. El ingeniero en audio al que acudí abordó este tema: “En un concierto pequeño, para menos de doscientas personas, se requiere de al menos quince personas trabajando, pero para un show en streaming se requiere de unas tres personas y se puede llegar a una audiencia de millones de personas. Los organizadores continúan beneficiándose sin gastar tanto dinero, mientras que el personal que normalmente trabajaría en un evento no recibe nada”. Por otro lado, otra de las modalidades para hacer conciertos que han surgido durante la pandemia ha sido la de los autoconciertos, sin embargo, esto tampoco supone un ingreso equivalente al de los conciertos tradicionales, para ninguna de las partes. Sobre esto reflexiona también el ingeniero en audio: “Para los autoconciertos tampoco se requiere tanto personal, pero ahí lo importante es que no son económicamente viables. Un auto ocupa aproximadamente 12 m2 de espacio y tiene capacidad para cinco personas. En un evento normal se considera de 1 a 1.5 m2 por persona. Se debería bajar el costo de la renta del recinto y aumentar mucho el precio de las entradas para que fuera viable”. Por lo tanto, un regreso a la normalidad para la industria de la música en vivo luce aún lejano y difícilmente sustituible.

Las nuevas maneras de realizar conciertos suponen también un reto para los músicos emergentes, pues pocas veces le es posible a los operadores de los recintos en los que se realizan garantizar las medidas sanitarias adecuadas para no poner en riesgo la salud de los músicos y sus familias. Al respecto, Luna comenta que para Random V fue complicado introducirse en este mundo por la incertidumbre acerca de cuánto podría durar el confinamiento y la poca aceptación que la gente demostraba al principio ante los conciertos vía streaming. “Nos habían invitado a presentaciones virtuales al inicio de todo esto, pero las cancelamos porque eso implicaba convivir con otros músicos y técnicos de audio que no sabíamos si habían tomado las precauciones necesarias. Ahora ya hemos aceptado algunas. Yo como cantante prefiero llevar mi propio micrófono, para no exponerme al manipular uno que ya haya sido usado por más gente”, comenta Luna, quien tiene por instrumento su voz, por lo tanto, podría perjudicar su herramienta de trabajo en caso de exponerse al virus.

La industria musical local ha sido duramente golpeada por la situación sanitaria que atraviesa al mundo. Si bien pocas veces se reflexiona en torno a la cantidad de personas que hacen posible un concierto, ahora es fundamental considerar que el hecho de llevar a cabo un evento virtual implica aún más compromiso con el público y un riesgo constante. Mi entrevistado, trabajador eventual de un recinto de espectáculos, concluye: “La gente se olvida de que para hacer funcionar un espectáculo hay miles de personas detrás de escena. Tomando en cuenta todas las áreas, en mi lugar de trabajo hay alrededor de tres mil personas laborando en cada evento como personal eventual. Para nuestro trabajo siempre vestimos de negro para que el público no pueda vernos, pero ahora es cuando más visibilidad necesitamos”. Por su parte, Luna, vocalista de Random V, considera que en estos momentos es fundamental el apoyo colectivo: “Hemos intentado hacer colaboraciones con otros músicos, porque entendemos que brillamos mejor si brillamos juntos, y crecemos más si crecemos de la mano”.

 

Fernanda Piña (Manzanillo, Colima, 1996) estudió Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha escrito y hecho fotografía para las revistas digitales de música Poolp MX, Radio Tónica, Freim y, actualmente, Warp. Tiene una columna mensual sobre cultura popular titulada La cuestión es moverse en Revista Palabrerías.


Portada: Chema Contreras

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