Por Camilo Rodríguez

 

La pornografía no es un objeto sino una relación entre un objeto y el espíritu de una persona.

Georges Bataille

 

 

Lado A: Érase una vez la pornografía

Hace siglos la pornografía se desprendió de su etimología y dejó de ser “el dibujo de la prostituta”— pórne en griego helénico significa “prostituta” o “esclava”, y gráphein quiere decir “dibujo”, “registro” o “descripción” —. Hoy el consumo pornográfico comprende un abanico de posibilidades: desde videos hechos “a la medida”, con actores y actrices que gimen el nombre del consumidor o interpretan alguna de sus fantasías, hasta orgías virtuales masivas entre personas de diversas orientaciones sexuales y ubicadas en diferentes países. Sin embargo, el origen de estas prácticas obedece a una mirada patriarcal y esclavista que aún gobierna nuestra concepción del deseo; el ojo del poseedor de esclavos y esclavas que ideó usarlos como modelos de esculturas, pinturas y dibujos realizados por artistas como Parrasio de Efeso desde el siglo IV a.C.

Dicha perspectiva dominante se sumó al culto fálico y los cultos totémicos de la procreación —cuyas directrices se resumen en la entronización del coito heterosexual y la prohibición de las relaciones incestuosas o consanguíneas—. “Todo se trata de sexo, menos el sexo, que se trata de poder”, declaró atinadamente Oscar Wilde a finales del siglo XIX. Años más tarde la mirada del cuerpo dominado, o sea, el de la mujer, habría de dividir el pensamiento feminista en dos posiciones opuestas: la postura abolicionista (Andrea Dworkin, Catherin Mackinnon), considera que la pornografía debe dejar de existir porque constituye una falta grave a los derechos civiles de la mujer; y la postura subversiva (Judith Butler, Gayle Rubin), que reconoce la misoginia asentada en la producción pornográfica pero cree en su resignificación —propia del concepto “subversión”, acuñado por Butler[1]— para la reinvención de los esquemas ideológicos que subyacen en el inconsciente colectivo de la humanidad.

Annie Sprinkle, directora y actriz porno norteamericana que trató de reinventar el género desde los años ochenta.

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Lado B: La vida íntima y la nueva normalidad

En el marco de la pandemia, el confinamiento ha problematizado nuestras formas de vivir la intimidad. La irrupción de la esfera pública en los espacios que antes pertenecían a la esfera privada—las reuniones de trabajo por Zoom desde la sala del departamento, o las video-llamadas con amigos y familiares, cada uno en su habitación— ha tenido un efecto considerable e insospechado en nuestra sexualidad. En la mayoría de casos, el encierro se traduce en una carencia de espacios para ejercer la vida íntima. Resulta difícil tener sexo con tu pareja o masturbarte a gusto si estás a tres metros de tus padres, de tus hijos o si duermes en la misma habitación que tus dos hermanos. Incluso se complica cuando vives solo pero los hijos de tus vecinos pasan el día jugando fútbol en el departamento de al lado. “El infierno son los otros”, o la idea que nos hacemos de ellos. Pero quizás el problema va más allá de su presencia, pues la intimidad es entre otras cosas un estado psicológico, un espacio simbólico que cada individuo construye y es capaz de nutrir. Tampoco podemos olvidar las ventajas que ofrece el mundo virtual, pues la industria pornográfica se adapta bastante bien al encierro: se distribuye en línea, su contenido suele ser gratuito y su clientela puede consumirla en sano aislamiento. Además, la falta de tiempo y el cansancio físico, principales razones (o excusas) entre las parejas para evadir el sexo, prácticamente han desaparecido. Sin embargo, el erotismo responde a dinámicas complejas y malogradas. Es bien sabido que las transgresiones son una gran fuente de excitación —si el porno despierta el deseo, es también justamente porque está prohibido— así los saltos entre lo sagrado y lo profano, el coqueteo con los tabúes y la creación de pequeños dioses. No es casual si desde marzo de 2020 los motores de búsqueda de las páginas pornográficas se han inundado con frases fetichistas tipo “porno con cubrebocas” o de plano con teorías conspirativas como “el sexo cura el covid-19”[2].

 

Polienos y Crisis, grabado de Agostino Caracci basado en la pintura de Giulio Romano, 1527, Los dieciséis placeres o I Modi.

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Lado A: Arte erótico y pornografía, dos caras de una moneda

Las representaciones más antiguas de la sexualidad (esculturas, piezas de orfebrería y cerámica) ofrecen perspectivas diversas, a veces opuestas, acerca de los géneros y las relaciones de poder entre ellos. En las culturas prehispánicas latinoamericanas, por ejemplo, el arte erótico no da muestras evidentes de sometimiento o dominación, sino de equilibrio. Felación y Cunnilingus (el famoso 69); la mujer monta al hombre y alza los brazos al cielo; el hombre penetra à tergo a la mujer; que está de espaldas y erguida.

Las estatuillas de Tlatilco, producidas en México aproximadamente en el año 1000 a.C[3]., reviven escenas sexuales bajo un principio de simetría y correspondencia que se desmarcan de la óptica tradicional esclavista y patriarcal. Asimismo, las esculturas talladas en los templos hinduistas de Khayurajo (no en vano parecen salidas del Kama Sutra), o las escenas de cópula esculpidas por la etnia Lobi en la actual Burkina Faso[4], son todas representaciones eróticas que no calcan la mirada de la pornografía actual, si bien tampoco se puede afirmar que estén totalmente desprovistas de misoginia. Incluso los jarrones ceremoniales, las piezas de cerámica y los murales de la antigua Roma muestran a menudo escenas de homoerotismo bajo una estética celebratoria, sin un sesgo de condena o degradación. No obstante, con el paso del tiempo casi todas las prácticas artísticas de Occidente, a imagen y semejanza de sus discursos y prácticas socioculturales, esculpieron una imagen de inferioridad y subyugación de lo femenino o de aquello que lo pareciera, en el caso de la homofobia. Dicho fenómeno se acentuó bastante con el gobierno religioso del judeo-cristianismo desde la temprana Edad Media. El arte erótico surgido en el imperio romano fue condenado como pecaminoso y el morbo de la cultura popular medieval —abundante en rituales de transgresión carnavalesca y figuras prototípicas del amante pícaro y las prostitutas— produjo compendios folclóricos de historias, también prohibidos por la iglesia, como Los cuentos de Canterbury, Los fabliaux o El decamerón, en los cuales el placer sensual y el encuentro carnal tenía un rol protagónico —los festines y las orgías establecían “los placeres mundanos”.

Pero fue hasta la invención de la imprenta que la pornografía, producida en masa y a gran escala, encontró su público y floreció. En 1527 el impresor Marcantonio Ramondi publicó la segunda edición de Los dieciséis placeres, un libro ilustrado con grabados basados en las pinturas de Giulio Romano donde se retratan célebres escenas sexuales de la mitología antigua y descriptivos sonetos eróticos del poeta Pietro Aretino. La primera edición había sido destruida; su producción y consumo censurados por la iglesia católica tres años antes. De igual forma se vendían o distribuían entre los ciudadanos caricaturas o grabados de baja calidad con imágenes de sexo explícito, casi siempre con un fin político —Julio César y luego Marco Antonio penetrando a Cleopatra, a la espera de ocupar su lado en el trono faraónico y conformar el imperio más poderoso de la historia. Pese a que el ojo machista y el culto falocéntrico están presentes (se exagera desmesuradamente la representación del pene, se dibuja la excesiva sumisión de la mujer o del amante pasivo en una clara anticipación de lo que un par de siglos después sería el sadismo), la distinción entre erotismo y pornografía aún no era tajante.

La influencia de Pietro Aretino, Giulio Romano y la cultura popular del medioevo en las tendencias del erotismo se extiende hasta el siglo XVII. La prostitución y el engaño se vuelven recurrentes en literatura, pero ya no se matizan bajo el lugar común de la picardía o el pintoresco, tan ironizados en el teatro del siglo de oro español y en obras como El Quijote de la mancha. Las prostitutas y las mujeres “lascivas” protagonizaban o tenían una importancia central en las novelas del siglo XVII que fueron escritas, publicadas y devoradas en secreto por miles de lectores —sobre todo lectoras, probablemente—. Quizás el ejemplo más remarcable es La escuela de las niñas (1663)[5] [L’école des filles], conocido como el primer texto acerca del libertinaje. La novela relata la conversación entre dos jóvenes primas acerca de temas como las posiciones sexuales, la flagelación o el tamaño de los penes. El libro, así como Michel Millot, su probable autor, fueron duramente perseguidos por el procurador de Luis XIV y sobrevivieron gracias al azar. Desde luego, su trama obedece a una visión masculina de la femineidad pero sus devaneos alimentaron la imaginación, la curiosidad y de cierta forma la liberación sexual del lectorado femenino. De un corte similar, la novela rimada Erotópolis: el presente estado de Betylandia (1684) [The Present State of Bettyland], probablemente escrita por Charles Cotton, describe en verso un país llamado Betty y hace una alegoría que compara el cuerpo de una mujer con el lenguaje topográfico —evocando expresiones como el “Monte de Venus” en alusión al pubis femenino. Por supuesto, esta territorialización alimenta la antigua mirada patriarcal, guerrerista y colonial —pues el cuerpo femenino se entiende como una patria que se conquista, ocupa y domina— y goza de una gran notoriedad en la época.

Escena de Shunga, arte gráfico japonés del siglo XVIII, “El duodécimo mes del hogar,” tomado de commons wikipedia, imagen de libre uso. La escena evidencia un encuentro sexual contra la voluntad de la mujer.

 

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Lado B: Sexo y confinamiento en 2020

Para muchos el confinamiento ha aumentado el flujo libidinal. Están más activos que nunca y a veces sus parejas no logran seguir el ritmo. La incertidumbre, el estrés y el miedo suscitados por la pandemia han disparado su deseo sexual. Para otros, en cambio, que son mayoría según las estadísticas[6], la misma situación ha reducido no solo la cantidad de relaciones sexuales sino también el apetito sexual, perfilando problemas como la disfunción o la impotencia. Para explicar estas conductas, la psiquiatría habla de la “teoría del manejo del terror”, que supone una alteración de nuestros hábitos y comportamientos cuando una situación nos recuerda nuestra propia mortalidad. Cada cabeza es un mundo distinto, desde luego. Algunos psicólogos como Donald Dutton y Arthur Aron[7] aluden a “la confusión de la excitación”, que se produce cuando una persona malinterpreta señales de peligro, estrés o inminencia de daño y su cuerpo alza la frecuencia cardiaca y modifica los picos de adrenalina para causar excitación sexual basta pensar en los individuos que pasan del enojo a la calentura con facilidad. De acuerdo con el estudio publicado por The Financial Times, la compra de juguetes sexuales, condones e incluso muñecas inflables se ha disparado. Muchas compañías y pequeñas empresas de la industria del sexo como Dildo King o Ritex se han visto beneficiadas y sus ventas en línea se han multiplicado notablemente. “En Ann Summers, la cadena británica de lencería, los juguetes sexuales subieron un 27% comparado con el año pasado. Su artículo más vendido fue el Whisper Rabbit”[8], probablemente porque se trata de un vibrador que no hace ruido.

Aunque no es fácil de medir, las estadísticas apuntan hacia un considerable aumento del consumo pornográfico desde que se decretó el encierro en marzo de 2020. Empresas como Studio 20, que transmiten shows de modelos y trabajadoras sexuales en línea, admiten el crecimiento exponencial de sus ganancias, que se disparan al mismo tiempo que los divorcios y las separaciones precipitadas por la cuarentena prolongada. Si bien el sexo entre las parejas[9] y, desde luego entre los solteros, ha disminuido, páginas como pornhub.com, youporn.com o redtube.com han presentado un índice de consulta tres veces más elevado — anualmente se promedian unos 140 mil millones de visitas.[10] En Francia, la pandemia ha obligado a más de diez mil trabajadoras sexuales a buscar el sustento por medio de las transmisiones en cámara web, pero solo quienes gozan de juventud y de un aspecto físico conforme a los estándares de belleza logran sobrevivir del oficio. De acuerdo con la Secretaría de Hacienda[11], en México ha habido un incremento de más del 100% en el consumo y producción de pornografía y prostitución infantil. Esta preocupante situación no avista un pronto cambio, pues resulta muy complicado para las autoridades no solo descubrir los nichos de consumo de pornografía infantil, sino actuar en su contra —en un estado democrático de derecho es sumamente difícil actuar contra la libertad individual de escoger los contenidos web que consulta la gente, sobre todo cuando son gratuitos y de fácil acceso.

Durante los primeros meses del confinamiento (marzo, abril, mayo) las denuncias relacionadas con la pornografía infantil aumentaron más del 50% según la Dirección General Científica de la Guardia Nacional en México[12]. Asimismo, se constató que las redes sociales —Facebook, en especial— constituyen una plataforma privilegiada para ese tipo de delitos por sus facilidades para contactar personas desconocidas en cualquier otro lugar del mundo y sin un registro fiel y verificado. Ahí radica el problema de una acción legal en su contra, pues para tener una cierta eficacia debería establecerse una red de cooperación internacional entre los países productores y los países consumidores de pornografía infantil y turismo sexual[13]. En general, la población femenina e infantil es la más afectada por este fenómeno, directamente vinculado con la trata de personas. Como es de imaginarse, las mujeres y los niños vienen de zonas marginales de las áreas urbanas y en ciertos casos fueron vendidos por sus propios familiares o decidieron huir de sus viviendas por las inhóspitas condiciones de vida. En otros casos, la pornografía infantil está enmarcada en el delito del tráfico de personas y el narcotráfico, que cierra el círculo vicioso para aquellos que devienen adictos a los alucinógenos debido a la injerencia de sus proxenetas.[14]

Desgraciadamente, el deterioro de las condiciones socioeconómicas debido a la pandemia no hace más que ejercer un peso mayor para favorecer circunstancias que conllevan a la actividad delictiva y la informalidad.

 

Camilo Rodríguez (Bogotá, 1987): Maestro en letras francesas de la Universidad de Toulouse II, traductor de Salambó de Gustave Flaubert (Fondo de Cultura Económica, 2020) y Diario de viaje de Michel de Montaigne (Minerva Editorial, 2019). Su cuento “Áurea” fue finalista en el concurso Cuentos del sótano y publicado por Endira editores en 2018. Es autor de crónicas, cuentos y críticas de cine publicadas en medios como Revista Nexos, Revista Arcadia y Revista de la Universidad UNAM. Actualmente es profesor de letras y lengua francesa en la Universidad La Salle México.

Portada: Patricio Maldonado 

 

Notas al pie de página: 

[1] SOLANA, Mariela, Pornografía y subversión: una aproximación desde la teoría de género de Judith Butler en Convergencias, vol.20 no.62 Toluca may./ago. 2013. Disponible en la siguiente página web, consultada el 14 de septiembre de 2020: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-14352013000200006

[2] Las gráficas que muestran las cifras mundiales de búsquedas asociadas al “sexo pandémico” hablan por sí solas. La plataforma Pornhub fue una de las primeras en revelar los números de sus bases de datos, que pueden encontrarse en varios artículos en línea, como por ejemplo: https://theobjective.com/further/sexo-porno-y-coronavirus-asi-afecta-la-pandemia-a-pornhub

[3] Las imágenes pueden observarse en el siguiente catálogo de arte precolombino web, consultado el 13 de septiembre de 2020: https://www.elsevier.es/es-revista-repertorio-medicina-cirugia-263-articulo-representaciones-eroticas-el-arte-colombia-S0121737217300262

[4] Las imágenes pueden observarse en el siguiente artículo web, consultado el 14 de septiembre de 2020: https://educomunicacion.es/arte_erotico/africa_antigua_arte_erotico2.htm

[5] El libro puede leerse en su totalidad en la versión francesa en : https://fr.wikisource.org/wiki/L%E2%80%99Escole_des_Filles

[6] En sondeos realizados por revistas como Vogue se puede observar estas dos tendencias extremas de la sexualidad en medio del confinamiento. Artículos disponibles en línea: https://www.semana.com/vida-moderna/articulo/coronavirus-y-sexo-por-que-puede-experimentar-un-bajo-deseo/664147/ o https://eldiariodefinanzas.com/pornografia-en-tiempos-de-covid-19-asi-cambia-la-industria-ante-la-pandemia/

[7] La confusión de la excitación es un fenómeno psicológico explicado por primera vez en 1967 por el psicólogo norteamericano Stanley Schachter. Según él, primero viene la sensación física y luego un proceso que denomina “el etiquetado”, que es la clasificación mental del suceso en una categoría afectiva. Así pues, tenemos sensaciones que atribuimos erróneamente a ciertas causas. Por ejemplo, las situaciones de peligro añaden un componente de excitación sexual que no tiene necesariamente que ver con la atracción que nos produzca una persona. La sexóloga Shaan Bodram explica el fenómeno en tiempos de Covid-19 en su artículo: https://www.latimes.com/espanol/vida-y-estilo/articulo/2020-05-05/estoy-mirando-un-monton-de-porno-esta-bien-una-experta-responde-preguntas-sexuales-en-tiempos-de-coronavirus

[8] “Ann Summers, the British lingerie chain, said sex toy tales last week were up 27 per cent over last year. Its best-selling item was the Whisper Rabbit”. Tomado de: https://www.ft.com/content/80e11807-3e0d-4867-9b42-bbe959a071a9. La traducción es mía.

[9] Según la encuesta de la Asociación Mexicana para la Salud Sexual A.C. : https://www.chilango.com/noticias/baja-actividad-sexual-en-la-pandemia/ y el artículo de Paola Tinoco: https://www.chilango.com/noticias/reportajes/sexo-en-la-pandemia/

[10] Gene Munster, gerente de Loup Venture, y los representantes de la administración de la industria admitieron que el gasto por servicios de productos vinculados a la pornografía. Artículos consultados el 15 de septiembre de 2020: https://eldiariodefinanzas.com/pornografia-en-tiempos-de-covid-19-asi-cambia-la-industria-ante-la-pandemia/, https://www.dinero.com/internacional/articulo/como-le-esta-yendo-a-la-industria-del-sexo-por-el-coronavirus/283837, y https://radiolatinamerika.no/noticias/noruega/3240-la-pornografia-en-tiempos-del-covid-19.

[11] “En México se ha detectado un incremento de 117 por ciento en la actividad de pornografía y prostitución infantil, advirtió el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la Secretaría de Hacienda, Santiago Nieto.” Tomado el 12 de septiembre de 2020 del siguiente artículo: https://www.jornada.com.mx/ultimas/politica/2020/07/21/se-dispara-pornografia-y-prostitucion-infantil-en-confinamiento-uif-7864.html

[12] Se llevaron a cabo varios foros virtuales y webinars por parte de “Causa Común” en marzo y abril de 2020. En ellos se abordó la cuestión de los delitos cibernéticos y se arrojaron estos resultados en lo referente a la pornografía infantil de acuerdo con Radamés Hernández Alemán, director de la institución. La información puede consultarse en artículos como https://www.forbes.com.mx/noticias-cibercrimen-pornografia-infantil-pandemia-coronavirus/ o https://www.reporteindigo.com/reporte/pornografia-infantil-en-mexico-crece-73-por-ciento-durante-pandemia-por-covid-19/

[13] Infortunadamente no existe tal red cooperativa, como lo lamenta Majo Siscar en su artículo: https://www.animalpolitico.com/2014/09/mexico-exporta-e-importa-victimas-de-trata-conoce-las-rutas-de-la-explotacion-sexual/

[14] Ibídem.


Camilo Rodríguez (Bogotá, 1987): Maestro en letras francesas de la Universidad de Toulouse II, traductor de Salambó de Gustave Flaubert (Fondo de Cultura Económica, 2020) y Diario de viaje de Michel de Montaigne (Minerva Editorial, 2019). Su cuento “Áurea” fue finalista en el concurso Cuentos del sótano y publicado por Endira editores en 2018. Es autor de crónicas, cuentos y críticas de cine publicadas en medios como Revista Nexos, Revista Arcadia y Revista de la Universidad UNAM. Actualmente es profesor de letras y lengua francesa en la Universidad La Salle México.

Portada: Patricio Maldonado 

 

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