Bratty es un proyecto musical encabezado por Jenny López, una joven de Sinaloa que ha conquistado a sus fans con sus música estilo bedroompop/garage/surf culichi.

 

Por Ytzel Maya

 

Por las tardes, los cielos se dividen en degradaciones de rojos, ocres y amarillos que destacan de entre los edificios, apenas unos pocos en medio de los árboles. Parece que se están inundando en fuego. La lluvia atraviesa verticalmente la imagen en movimiento, traza las líneas que dividen los colores y quizá es esta quienes le agregan el contraste para formar una pintura que me parece ahora tan lejana, otro lugar que no es esta ciudad. Estoy viendo un gif del atardecer que me enviaron desde Culiacán.

 

De Culiacán no conozco casi nada. Me sé algunas palabras y adopté otras. Me han contado sobre el sushi empanizado, el sushi de pollo, el sushi gigante: el reto del sushi culichi. Quizá, más bien, conozco Culiacán por las imágenes de sus atardeceres y por su música. Esto, claramente, es una hipérbole de fotos, fragmentos de audios y algunos grupos y artistas locales que me han recomendado. Entre ellos, Bratty.

 

Quiero creer que conocemos los lugares que nunca hemos habitado por las sensaciones que nos provocan esas lejanías.

Acercarnos. Eso hace la música.

Ahora, en estos momentos, de forma excepcional.

A-cercar-se: formar un espacio. Cerrarlo. Delimitar.

 

Inspirada en Best Coast y su hop on a plane/ come back and see me/ I promise I won’t be such a brat, Jenny Juárez, nacida en el norte del país, en la ciudad de los atardeceres rojizos, retoma el nombre de la canción “Bratty B” y cimenta su bedroompop garage-rock surf culichi. El proyecto de Bratty surge en 2017, año en el que Jenny empieza a grabar y a tocar en restaurantes y bares locales con tan sólo 16 años. En su habitación culiacanense graba y produce su primer EP, Todo está cambiando, que conjunta cinco canciones:

 

1. “Before Seeing Green”. Primera canción del EP. Una entrada de bajo que marca el ritmo de todo el material. Esta es la melodía, la voz, una letra en inglés, un surf que abreva de sus influencias y se convierte en una propuesta diferente, con la sensación del calor y la tristeza ante la incertidumbre de los afectos y la vida a la entrada de los veintes.

2. “Aquí”. Con cierta influencia de Daugther, el desamor se hace presente y da pauta a la temática que rige en mayor parte a la música de Bratty. Como una petición, el ruego del dolor ante las sensaciones de los primeros amores y desde la desilusión, escuchamos ya me cansé de escribirte tantas veces/ no sé por qué te insisto. 

3. “Charlie”. Ahora con una clara convicción del cuerpo y de las corporalidades de los afectos adolescentes, la voz musical se posiciona para dejar de lado (por un momento) la tristeza y transformar esos afectos en reclamos guiados también por el protagonismo de algunos riffs de bajo. En respuesta a los famosos versos nerudianos, Bratty dice callado te verías mejor.

4. “Todo está cambiando”. Sí el cambio, sí la tormenta de la espera, sí el cansancio, sí aprender a dejar ir, pero también el ritmo más acelerado, el baile, las notas de guitarra seguidas por una voz dulce, acompasada.

5. “Hazme saber”. La canción que cierra el EP. La resignación sosegada, apenas la formulación del deseo, la palabra en la punta de la lengua que tiene una habitación en el olvido, o en el intento de. La intención de cambiar y no hacerlo: tú eres de Marte y yo de Plutón.

 

Y un interludio.

 

I promise you that I won’t be a brat/ If I promise you anything, I promise you that

 

Después del éxito de este primer EP, Bratty se consolida como agrupación con el bajo de Esmeralda Jiménez y la batería de Astrid Nava. Para 2019 lanzan su primer álbum de larga duración, Delusión, con una peculiar portada roja, color que destaca y predomina en toda la imagen publicitaria para la promoción de Bratty. Delusión sobresale por dar cuenta del crecimiento en todo el sentido: la producción se percibe más madura, con mejor calidad; las canciones nos muestran un universo en el que es posible sentirnos tristes, pero con la esperanza del acompañamiento, una cercanía a lo que pudo haber sido, a las decepciones, al desamor desde una mirada propia, una lírica más personal, un paseo por lugares icónicos de la geografía norteña. Esta es, definitivamente, música culichi.

Hasta antes de la pandemia por el virus COVID-19, Bratty tenía programadas varias presentaciones alrededor del país, como Tecate Pal’Norte y Onda Sonora, que fueron canceladas. Me parece que es momento de empezar a repensar (y claro que lo estamos haciendo) los espacios musicales y cómo van a sobrevivir después de esto. Los lives desde cuentas de Instagram, los festivales virtuales, las producciones que sobreviven apenas con Susana Distancia, los lanzamientos que se retrasaron y apenas están saliendo a la luz después de medio de años de estar parados, todo esto es quizá la punta del iceberg de la sobrevivencia, una manera de mantener, acaso limitadamente, la música y la economía en una balanza que no ceda a los tiempos que nos toca enfrentar.

El éxito de Bratty continúa creciendo, a pesar de ello. Su presentación en el Vive Latino 2020, justo algunos días antes de que fuera declarada la Jornada Nacional de Sana Distancia, una cuarentena oficial, es una muestra clarísima. Jenny Juárez acaba de cumplir 20 años y ya ha pisado los escenarios más importantes del país.

 

Pero,

¿qué implicaciones tiene ser mujer, joven y querer hacer música en México?

 

¿Qué se dice de nosotras?

¿Cómo nos colamos a ese mundo predominante masculino? (¿realmente queremos hacerlo o más bien nuestra encomiendo contra todo lo impuesto en ese mundo es buscar un espacio propiamente nuestro?

Pienso en un sonido propio. Nosotras como la música. Serlo)

 

Los comentarios en los videos de YouTube me parecen una nueva forma de narrativa, casi un nuevo género periodístico o de opinión. De aquí surgen la nueva lectora, la buscadora, la que divide su atención entre el video, las imágenes pasando, la escucha, y la que escribe. En los comentarios de YouTube se encuentran las divergencias y las confluencias entre las personas de acuerdo al tipo de video. En algunos encuentro referencias a obras dentro de otras obras cuyo origen no conocía o las referencias a otras canciones o las particularidades (por no decir chismes, pues) de las artistas. De forma excepcional, en los videos musicales se destacan dos tipos de personas escribientes-comentadoras, al menos hasta donde he llegado a identificar: las que dejan la letra de la canción y los hombres que insisten en criticar/ser vistos/plantear un algo innovador: el hombre “mira, lo que yo creo sobre tu música es que puede mejorar si…”.

En unos de los videos de Bratty, encuentro un comentario que me llama la atención por ubicarse dentro de la segunda categoría de personas comentadoras de videos musicales: “Oye, si colaboraras con un hombre tus canciones quedarían muy buenas… son de por sí ya muy buenas, pero quedarían mejor si colaboras”, escribió el usuario EGP. Parte de proponer un nuevo sonido dentro de “la escena” es quedar expuesta ante el público y la crítica. Como mujer joven, esas posibilidades se triplican. Y no son gratuitas. Hacer cualquier tipo de arte es atreverse a retomar y okupar los espacios que históricamente nos fueron negados, desde estas corporalidades y realidades que nos atraviesan como mujeres. Repensar los espacios a partir de las imposiciones sociales nos permite abrir un hueco dentro de la normatividad masculina para, más bien, quedar lo más lejos posible de ésta. Nuestras producciones culturales ya no dependen de un espectador (así, en masculino), sino de aquello que ahora podemos (porque tenemos el atrevimiento, esa gran revolución) nombrar en femenino.

“Quiero que las chicas se sientan cercanas a mis canciones”, dijo Jenny en una entrevista. Y lo está logrando. Escribir para nosotras, para contar nuestras historias, para identificarnos con la música, para poder decir “claro, esa soy yo también”. Las mujeres jóvenes, desde la disidencia, están marcando las tendencias.

 

Bratty es pura calidad Sinaloa.

 

 

 

Ytzel Maya (Ciudad de México). Es ensayista y editora. Estudia la maestría en Sociología Política del Instituto Mora. Formó parte del Primer Parlamento de Mujeres del Congreso de la Ciudad de México. Sus listas de música están conformadas por un 90% de mujeres. Tiene un gato.

 

 

 

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