La poesía es magia, y la magia altera la realidad porque:

 

Al principio fue el lenguaje. Porque para habitar un mundo, primero se necesita crearlo. Pero el lenguaje que comunica, no crea, nada más fluye. Entonces el lenguaje se hizo en forma de verso.

 

Al principio fue el verso.

 

¿Y qué es el verso? Un problema lingüístico que deviene en cuerpo. Toda la literatura es así, tal vez, pero quedémonos solamente con la poesía por ahora. El verso, entonces, es preguntarse sobre el ritmo, el sonido y la materia para generar algo.                      (ese algo también puede ser nada, una ausencia de efecto, un marco sin imagen, un pozo sin agua, un cáliz sin bebida)

 

La magia también es un problema lingüístico. La magia es hacer que dice. Y por eso antes, hace mucho, no había diferencia entre magia y poesía. Ernesto Cardenal, en su prólogo a la Antología de poesía primitiva, enuncia cómo muchos pueblos hacían y hacen poesía como una forma de crear su mundo, porque ambas se manifiestan como un aliento que crea y cura, una mística que une y deshace al individuo. Para esos pueblos, poesía y magia iban (¿van?) acompañadas de danza porque “establecen una relación o enlace entre los dos mundos, el mundo natural del acontecer diario y el sobrenatural. Y el mundo natural es presentado como una manifestación del mundo sobrenatural”.

 

En pocas palabras, la magia se logra por una conjunción de cuerpo y aliento. Cuando estos se unen y se vuelven uno hasta alterar la consciencia, se genera gnosis, un estado en cual el mundo se puede aprehender en su totalidad.

 

No digo nada nuevo. Los grimorios, libros con rituales y formas mágicas para invocar y/o evocar espíritus, son básicamente manuales de cómo decir para hacer, para provocar un cambio, una alteración en la realidad. Está en su nombre: la palabra “grimorio” viene del francés “grimoire”, que es una modificación de “grammaire”. Gramática. Cómo decir, cómo entonar, cómo hacer.

 

¿Pero qué hace la magia exactamente? Revela, define, encamina y, otra vez, crea. O mata. Y eso hace la poesía. Para mí

 

Pensemos en la definición que Aleister Crowley, mago polémico, iniciado en la Golden Dawn (donde gente como Oscar Wilde y W.B. Yeats también fueron miembros) y fundador del Thelema, da sobre la magia: “The Science and Art of causing Change in accordance with the Will”. Ésta, entonces, es el Solve et Coagula: la unión de opuestos, la boda mística entre lo terrenal y lo divino, el Gran Arte de manifestar lo que uno quiere. ¿Y eso no es arte, también? ¿Vers(b)o? Se piensa algo, se manifiesta en su formato y se hace un cambio. O al menos es la intención: cambiar la realidad. O invocar la propia en otros. O evocar otras en uno.

 

Sin embargo, la magia no es lenguaje para comunicarse entre humanos. Tampoco la poesía. Ambos son lenguajes privados, virus (perdón) que se sueltan al mundo. Otra forma de decirlo: la magia ni la poesía comunican porque comunicar es delimitar. Cuando queremos decir algo, ser entendidos, pues, damos forma y sentido a nuestra experiencia de lo que llamamos realidad usando un lenguaje común, que nos inserta dentro en un territorio común y cómodo para que otros puedan aprehender esa experiencia. La magia y la poesía no se comunican con la humanidad. No están en el terreno de lo universal, de lo similar. Van más allá del Lenguaje. Se enuncian a partir de la diferencia, del no-uso-común. Ahí es donde está el otro-conocimiento.

 

Solve et Coagula

 

En el tercer capítulo de Midnight Gospel, Duncan se encuentra con un hombre pez que hace magia. Este pez es Damien Echols, un hombre que descubrió la magia en la cárcel. En la serie, después de hacer un ritual menor de destierro del pentagrama, el hombre le explica al host del podcast interdimensionestelar que la magia se transmite a través de escuelas, y palabras pasadas de maestro a alumno.

 

La magia es un aliento, es una voz hecha con las entonaciones de quienes escuchan los cantos de quienes los precedieron. Eso es la Kábala o קַבָּלָה o qabbala, que significa “recibir”. La magia es un eco de la primera enunciación hecha. Esa primera enunciación es el principio y el fin, que son uno mismo, cosa que las religiones saben.

 

¿Pero cómo acercarse a una enunciación que, en sí, es todo el lenguaje, y al mismo tiempo está fuera de él? Desfibrando la realidad con actos mágicos que devienen en poesía. Con la acción doble-uno del Solve et Coagula, disolver y coagular, máximas alquímicas retomadas por Eliphas Levi, visibles en los brazos de su Baphomet:

 

La idea de hacer su símbolo una Barbie no fue de Levi, claro.

 

En una palabra, mística. La mística es un acercarse a lo divino y recibirlo y unirse a él. Eso es el Coagula. Solve es la poesía, la enunciación de lo que está presente e inconmensurable. La poesía es la disolución del cuerpo y la unión simultánea que se necesita para una práctica mística.

 

Más adelante en el capítulo de Midnight Gospel, Echols afirma que la Biblia es uno de los grimorios más completos que hay. No dice por qué. Pero no es difícil comprobarlo. No necesitamos de métodos complejos (y bellos) como la gematría, que asigna un valor numérico a cada letra hebrea. No. La gramática mágica está en sus cantos y visiones que no buscan otra cosa sino re-unirse a través de un lenguaje privado con la Creación. Magia.

 

Solve et Coagula son dos partes o etapas de una misma experiencia trascendental, pero como podemos dividirlos, así también pienso que existen dos tipos de tradiciones poéticas que se refieren a esta experiencia: la que exalta el Solve, y la del Coagula. Digo refieren porque solo la pueden señalar, por supuesto; dicen: “ahí está la nada, ese algo-más-que-es-menos”.

 

Entonces, Coagula, unión de los dos que son uno para ser cero, podría ser:

 

El cantar de los cantares, un poema erótico sobre el encuentro de dos amantes, es también un movimiento y un añoro por “recibir” a la divinidad.

 

El libro de Abramelin, un grimorio fundamental para la magia ceremonial, apunta que diario se deben repetir los salmos 6, 31, 37, 50, 101, 129 y 142 para que el trabajo mágico sea efectivo.

 

La poesía mística de San Juan de la Cruz, con “Noche oscura del alma” siendo la más clara muestra de una conciencia que, en la oscuridad de la meditación y Nada profunda que se encuentra cuando se alcanza la gnosis del no-pensar y no-hacer, busca y encuentra la totalidad.

 

Por otro lado (del mismo objeto), está la poética Solve, que yo la entiendo como visiones, lenguaje desbordado. Ahí podríamos incluir:

 

La visión de la gloria divina de Ezequiel, pasaje donde la realidad se derrite y que Crowley posteriormente visitaría en los Aethyrs enochianos y que dictaría en The Vision and The Voice.

 

El Apocalipsis de Juan, donde todo es visión, donde todo es todo, y el mundo del lector se termina un poco cuando termina de leerlo.

 

“The Second Coming”, de Yeats, poema donde el mundo se des-ordena para dar una señal de la venida de Jesús.

 

Sin embargo, todo lo que acabo de mencionar es mentira: clasificar es contener, y la poesía, al contrario, libera, porque ambos elementos (Solve et Coagula) están contenidos en ella. Pensemos en:

 

El primero sueño de Sor Juana quien definitivamente no era bruja (que se sepa, no comía niños), pero que definitivamente exploró los límites de la realidad a través de la poesía.

 

The Marriage of Heaven and Hell, de Blake, documento extraño que habita y anuncia la unión de uniones para que toda división deje de existir.

 

El verso, el verbo, se trata de movimiento; movimiento hacia adentro que va hacia afuera y viceversa. Oscurece para iluminar. No dice para hacer.

 

Por el fin del mundo

 

Y todo esto, ¿para qué? Para pensar la escritura como una forma de acabar con el mundo.

Son golpes y portales; cortaduras en la lengua hechas con otra, la mágica.

Es una guerra contra el lenguaje que define y limita la realidad.

 

Y la magia es reprogramación. Es eso.

 

Alan Moore dice que la magia es la ciencia de manipular arte para crear una experiencia psicodélica que altere la conciencia. Es hacer materia el pensamiento y cambiar así otras materias y otros pensamientos.

 

La magia esprecisión del lenguaje.

 

Esto es para pensar en una Goetia Poética, una que se sustente no solo de obras auto denimonadas como poéticas, sino también de formas ritualísticas y mágicas; que se haga con el afán directo de invocar o evocar para después rasgar el velo de lo real.

 

Entonces, en la invocación del No-Nacido, un ritual de sombra, cuando se enuncia

“Tú eres Osorronofris: A quien ningún hombre ha visto en ningún momento”, Osorronofris se convierte en verso, en ese hacer y deshacer, en abrir, liberar y destruir.

 

Esto no es inventar nada, sólo es mirar el tiempo como un espacio abierto, no una línea.

 

Invocaremos cosas así.

 

APÉNDICE

 

Este texto surgió de varias lecturas, pero una muy importante es esta:

 

Porque sí: el meme es magia desbocada.

 

 

Enrique Urbina es poeta y narrador. Ha publicado los libros Aquí el silencio no descansa (Dharma Books, 2018), Raíces (Paraíso Perdido 2016) y Nadie encontrará mis huesos (Paraíso Perdido 2020). Textos suyos han aparecido en medios como Tierra Adentro, Axxon y Literal.

Portada: Renata Patrón

 

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