la piedra que cerraba el sepulcro había sido removida. Entraron, pero no encontraron el cuerpo de Jesús, el Señor. Estaban aún desconcertadas ante el caso, cuando se les presentaron dos hombres vestidos con ropas resplandecientes que, al ver cómo las mujeres se postraban rostro en tierra llenas de miedo, les dijeron:

— ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? (Lucas 24:2-5)

 

Jesús se suicidó en febrero, y no he podido traerlo de vuelta. Lo recibí en mi corazón, y sigo esperando su regreso, tragando luto con la incapacidad de aprender a programar en C.

No recibí nunca a Jesús en mi casa, ni fuimos nunca por una che
la angustia de no haberle escrito una semana antes de su ahorcamiento –con el cinturón, me contaron, se colgó en su cuarto-.

Tú no existes cuando apago el ce
lular,
le dije y él se auto-apodó
ente inexistente

No he podido programar un Jesús nuevo, que conteste mis mensajes
que aparezca en una burbuja a la derecha –yo no cambio el display, si no, me pierdo-  de la pantalla.

Tomé un curso de lenguajes C, C#, C++, pero no fue suficiente.

Jesús no era C
risto,
era adicto a las líneas, al alcohol, a la mala vida…

Guardé *.c, con expectativa, y al tercer día,

printf(“. \n\n\t Jesús \n\n\t nada\n\n”);

nada se removió en el ch
at
su cuerpo no está,
nadie me contesta.

 

 

Eleane Carolina Herrera Montejano (1996) nació en Tamaulipas pero nunca vivió en ese lugar. Es licenciada en Literatura Latinoamericana por la Universidad Iberoamericana y reportera de Cultura y Academia por ahí. Feminista de la corriente más corriente, tiene un ojo en el texto y un pie en la calle. Le interesa la divulgación del conocimiento, y llamar la atención sobre las diversas formas que éste puede tomar.

 

Portada: cuatro texturas a partir de un paisaje de himalayev. Glitch digital, 2020 por Martín Rangel.

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