Hablemos del cuerpo como un objeto. Del útero manufacturado como máquina reproductiva, que viene sin instructivo pero sí con punición.

Asimismo, que las mujeres vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro o con perlas, o vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a las mujeres que profesan la piedad. Que la mujer aprenda calladamente, con toda obediencia. Yo no permito que la mujer ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada. Porque Adán fue creado primero, después Eva. Y Adán no fue el engañado, sino que la mujer, siendo engañada completamente, cayó en transgresión. Pero se salvará engendrando hijos, si permanece en fe, amor y santidad, con modestia.

1 Timoteo 2:9-15

 

Los números ya no importan.

Siete feminicidios al día en México.

Una mujer es asesinada cada dos horas en Brasil.

Cerca de cien mil menores embarazadas cada año en Guatemala.

Perú es el tercer país del mundo con más casos de violencia sexual al año.

Los dos países con más crímenes homofóbicos están en América Latina.

Cuatrocientos cincuenta mil abortos clandestinos por año en Argentina.

En doce países de América Latina es ilegal abortar. En uno de ellos está penalizado con hasta cincuenta años de cárcel.

 

Los números ya no importan porque son sólo eso, números.

Números, cantidades, dígitos, cuentas y porciones. Números que suman. Números que restan. Ni una más y ni una menos. El número de senadores votantes en contra de la despenalización del aborto en Argentina. El número de mujeres que salieron a las calles para luchar por su derecho a decidir. El número de clientes que tiene por día una trabajadora sexual en Tlalpan. El número de veces que me ha dicho mi mamá que me ponga brasier. Números de casos registrados, cuando la mayoría de los feminicidios y crímenes de violencia sexual no se registran. Y esas vidas nadie las cuenta.

Los números ya no importan porque esconden contundentemente a nuestras mujeres invisibles. Las asesinadas y tiradas en zanjas en la carretera del Edomex (que nadie encuentra), las violentadas y silenciadas por sus maridos (que jamás denunciarán), las desangrantes en camillas clandestinas (que no viven para contarlo), las infantas y los vientres de alquiler. Esas mujeres que no tienen voz, pero deben tener hijos. Porque así ha sido, y así es.

Lxs pro-vida tienen muy claros sus argumentos: ¿Y qué si la madre de Vivaldi lo hubiera abortado? La maternidad es un instinto natural (¿y una obligación?) y ambas vidas tienen que salvarse. Sólo que si vamos a hablar y debatir de vidas, hablemos de las reales. De esas vidas de verdad, no embriones ni conjuntos de células. Vidas que – y sin miedo a pensarlo, escribirlo o decirlo – importan más. Hablemos de las vidas de miles de niñxs en orfanatos, en la calle y en hogares sociales. Hablemos de las vidas de ellas, su sexualidad, sus planes a futuro y su sacrificio involuntario. Hablemos del cuerpo como un objeto. Del útero manufacturado como máquina reproductiva, que viene sin instructivo pero sí con punición.

Llámales como quieras: feminazis, asesinas asquerosas, corresponsales del diablo, libertinas del lenguaje o boicoteras de la RAE.

Pero no te atrevas a llamarte a ti provida. No se vale decir vida, porque nos la arrancan. Y esas vidas nadie las cuenta.

foto por @Colectivx

Triste pensar que las luchas tengan que ganarse con la sangre que pierden ellas. Pero se ganarán. Y si no es este año, será el siguiente. Y si no, se ganarán con el empoderamiento de guerreras. La revolución feminista velará días y noches por el derecho a decidir. Por el derecho a no morir como cerdo en matadero, con el cuerpo atravesado. Cada vez serán menos las creencias sociales, políticas y religiosas que nos malignicen. Porque ya no es como antes, y la voz femenina cuenta cada vez más.

 

Los números ya no importan porque son sólo eso, números.

Los números, tan maravillosos como ellos solos, que alimentan estadísticas mundiales.

Números que disfrazan.

Números que conspiran.

Números que encubren.

Números que prohíben.

Números que justifican.

Números que objetivizan.

Números que odian, violan y matan.

 

Los números ya no importan porque son sólo eso, números.

Las mujeres ya no importan porque son sólo eso, mujeres.

Brujas, lesbianas, putas, asesinas y rebeldes.

 

 

ilustración por Maremoto @Maremoto

 

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