El sonido de mi voz orgiástica

Arturo Rodarte

 

Fotografía de portada: @carney_hueso

 

Abro la boca, grande, amplia, mi lengua húmeda y rosada brilla mientras se retuerce y mi úvula comienza  a vibrar con la emocionante expectativa de la pasión en ella contenida. La voz comienza a fluir, brota suave y rasposa, como miel subiendo por mi garganta, como miel entrando por mis oídos, como miel envolviéndonos; como si la gravedad desapareciera, el aire a nuestro alrededor se vuelve espeso mientras mi garganta sigue gimiendo y mi cuerpo se estremece suavemente en un inicio, con espasmos cada vez más violentos. El sonido de mi voz orgiástica, un grito de placer nos envuelve en melifluo calor, en intenso frenesí, en salvaje locura. Grito y los planetas giran alrededor de mi fauce abierta, las estrellas se vislumbran en mi faringe, mi paladar brilla con sus destellos. Mi piel se vuelve diamante, se vuelve fango, se convierte en mariposa. Brota la Vía Láctea y en tus ojos oscuros me reflejo, un hoyo negro absorbiendo a otro, la creación de los elementos, la vida regocijándose por cuenta propia, el éxtasis infinito del universo consciente de sí mismo condensando en ese grito y esa mirada. Tu sonrisa, tu sudor, tu fatiga, tu exhalación. El acelerado latir de tu corazón va quebrantando la capa dorada en la que flotamos. Te miro y reímos, de vuelta a este espacio y este cuerpo. De regreso a los límites conocidos delimitados por esta piel tersa y lampiña, la turgencia de mi cuerpo joven, mis nalgas firmes, mis piernas fuertes, mi amplia y dorada espalda, mi largo y sólido cuello, mis hermosas manos sanadoras. Gime conmigo y salgamos de nuestro cascarón. Gime conmigo y conecta con tu más pura verdad. Eres el universo, la magia consciente, la verdad más perfecta, la coincidencia más maravillosa, la imposibilidad más fortuita. Gime y celebra tu existencia, gime y agradece coincidir, gime y mientras tus cuerdas se tensan y tu cuerpo se arquea, sostén la respiración y antes de desmayarte abre los ojos y recuerda quién eres y piérdete en ese vasto espacio, déjate caer, libera el control, permítete flotar, aprende a divagar y agradece el hermoso momento en que se encontraron, en que sus ojos se prendaron y vieron más que un cuerpo, vieron en ellos la posibilidad de perderse estáticamente los unos a los otros y así olvidarse por un momento de la tragedia humana, elevándose en la hermosa poesía pagana, en el vasto azul del mar, el intenso brillo del sol, el verde florecer del bosque.

 

Volar, flotar, juntos eyacular.

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