Quería escribir un ensayo sobre el medio ambiente y me di cuenta de que no entiendo bien esa dupla. Medio. Ambiente. En medio viven los helechos. El nivel superior lo habitan las frondosas copas de los árboles. En medio están los helechos. Debajo de los helechos a veces crecen hierbas pequeñas y hongos. La vida no se detiene en la superficie de la tierra, crece por debajo, en la oscuridad. La tierra está llena de bichos, bacterias y gusanos. Los microorganismos también rondan por ahí. Hay mucha vida en lo que a veces se nos ha dicho que no hay nada. El ambiente es lo que nos hace tomar decisiones como ir o no ir a una fiesta. Bailamos cuando hay ambiente. Comunicación que se da entre los cuerpos, sin palabras, con gestos, vueltas, risas, roces, sudor. A veces quisiéramos vivir solo para bailar. ¿Cómo baila un helecho? Con el viento, cuando se le sacuden las hojas y suelta esporas cargadas de información genética. Se comunica. ¿Cuál es la historia de mi cuerpo? Yo soy la memoria viva de una cadena de seres vivos. ¿Qué registros de memoria están encriptados en mí? Un poquito de mis abuelos, de mis bisabuelos y de muchas generaciones atrás. También tengo en mis manos la costumbre de escribir y en mis ojos la de mirar con cuidado. Llevo semanas observando una hoja de helecho que se desenvuelve lentamente. Las espirales son movimientos naturales, a nuestro cuerpo también le hacen bien. Por eso, para tirarme al suelo o salir del piso giro en espiral. Me han contado que nuestra galaxia es una espiral y que esa forma fue necesaria para que aquí hubiera vida. No solo eso, también importa la posición de la Tierra con respecto al Sol, la inclinación del eje de rotación y el tamaño de nuestra luna. ¿Quién se hubiera imaginado que se necesitaban sumar tantísimos factores para estar aquí? Estoy aquí, escribo, y me siento muy humana, pero hay algo más, quiero reconocer todos los elementos que suelo ignorar, quiero decir que no soy solamente yo, estoy aquí en un lugar en donde hay viento, plantas, edificios, nubes. Y si yo estoy aquí ¿en dónde estás tú, lector? Quien sea que seas seguramente te preguntas muchas cosas. Cosas como lo difícil que es aguantar por un largo rato la respiración. O por qué hay noches más frías que otras. Espero que tú tengas una planta (o una mascota) y que sepas comunicarte con ella. La vida es tan rara, tan preciosa, que me pregunto cómo podemos cuidarla, cómo podemos propagarla, cómo podemos estar al servicio de ella en vez de que ella esté al servicio de unos cuantos de “nosotros”. Una vez vino un poeta a mi salón de clases. Nos empezó a hablar sobre poesía norteamericana. De pronto se quedó mirando por la ventana. Preguntó si alguien sabía el nombre del árbol que estaba ahí afuera. Nos quedamos atónitos. No sabíamos. ¿Cuántos días habíamos visto ese árbol y por qué nadie sabía su especie? El poeta sí lo sabía y lo compartió con nosotros. ¿Qué cosas sabes que te falta compartir? La molécula del agua está compuesta por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno unidos por un enlace covalente.  Es decir, los dos átomos de hidrógeno y el de oxígeno se unen compartiendo electrones. Su fórmula es H2O. El mundo. La vida en el mundo. Tú y Yo. Existimos gracias a palabras como “unión” y “compartir”. ¿Cómo podemos generar redes extensas y frondosas que se asemejen al bosque o a la selva? Sueño con la posibilidad de un lenguaje que provoque el intercambio de experiencias entre dos o más organismos, sean humanos o no. Un lenguaje que se viva, que se inhale y se exhale, bajo el cual sea posible la existencia de la especie humana. En donde nuestra especie deje de usar mecanismos de control sobre la naturaleza. Imagino la posibilidad de un lenguaje más libre, que procure alimentarse desde y para los demás organismos vivos, que asuma la necesidad de un cambio en el pensamiento a partir de las construcciones lingüísticas que violentan todo lo que nombran. En donde las palabras fluyan e incluyan en su caudal a todas las lenguas vernáculas de los organismos con los que coexistimos y de los cuales dependemos. Me gustaría vivir en un sistema en donde tú y yo seamos una expresión de vida. Ni más, ni menos.

 

*Agradezco a Enrique Álvarez por sus ricas conversaciones en El Humedal y a la poesía de Maricela Guerrero por ser una fuente poderosa de reflexión.

 

Carla Cohen (Ciudad de México, 1995). Estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad Iberoamericana. Becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas (2019-2020).

Portada: Dylan Gutiérrez.

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