Por Santiago del Bosque Arias

 

Hace algunos días mi roomie me contó que el famoso GIF Nyan Cat había sido vendido por más de $600.000 USD en formato NFT (Non-Fungible Token). Después, me encontré con que Christie´s subastaría, en el mismo formato, un collage digital del artista Beeple (Mike Winkelmann) titulado Everydays: The First 5000 Days. El NFT de la obra de arte digital que comenzó con una oferta de $100 USD, se vendió por $69,346,250 USD.[1] ¿Por qué alguien compró dicho objeto y qué repercusión tiene esto en la historia del arte?

Beeple, Everydays: The First 5000 Days NFT, 21,069 pixels x 21,069 pixels (316,939,910 bytes). Fuente: https://news.artnet.com/opinion/beeple-everydays-review-1951656

 

Para empezar debemos aclarar tres puntos que se tomarán como entendidos intratextualmente:

 

1. Todo NFT que sea mencionado en este artículo deberá ser tomado como una obra de arte, porque arte es todo lo que las personas llaman arte, modificando un poco la cita del esteta José Jiménez.

2. Nada está fuera de la realidad. El arte digital es real, no se compliquen, no es física cuántica. Entenderemos aquí al arte digital como algo no tridimensional que ha sido producido a partir de una serie de datos informáticos y que depende de un agente externo para presenciarlo.

3. Este artículo se centrará en el juego entre el arte digital y su reciente acceso a la más alta esfera del sistema artístico, en donde la originalidad, la unicidad y la autenticidad son lo más importante. No soy un experto del criptomundo, así que no esperen una explicación a detalle de cómo crear una NFT ni de cómo estas son validadas por Blockchain.

Meme creado por el DJ Mighty Mick que se volvió viral en 2016. Todavía no es un NFT.

Hasta hace unos días el arte digital era un equipo de media tabla dentro del sistema artístico, como se diría en el argot futbolístico. Los primeros lugares normalmente son ocupados por categorías como arte contemporáneo (en la que entró el collage de Winkelmann), arte moderno, arte latinoamericano y Old Masters; después vendrían el arte asiático, las antigüedades, las joyas, entre unos pocos más. La muestra más clara de la poca relevancia que se le daba sucedió en 2018, cuando Christie´s rifó y regaló 300 NFT que eran mosaicos de una obra del artista digital Robbie Barrat, de los cuales únicamente 12 fueron reclamados y actualmente se venden por más de $10,000 USD.[2] Sí, el mercado es el regulador principal del sistema artístico.

 

Como mencioné en un articulo anterior, el mercado del arte es la epítome del arte del mercado, pues se compone de dos de los inventos más complejos de la raza humana, el arte y el dinero. Un objeto puede tener distintos tipos de valor, que no es lo mismo que su precio. Existe el valor artístico, el exhibitivo, el simbólico (personal), el de culto (público) y el monetario. En mi opinión, este último ha sido y será el protagonista con respecto a las NFT de arte digital, pues las obras son tomadas por muchos inversionistas (no coleccionistas a mis ojos) como una mercancía, un bien de capital, principalmente.

 

“La autenticidad no es reproducible… Una importante función del comercio del arte fue la de desarrollar tales diferenciaciones.”[3]

 

Meme hasta el momento anónimo para mí. Fuente: no recuerdo.

 

Hasta hace unos días la autoría del meme, GIF o sticker que compartíamos no era relevante para la mayoría de nosotros, reproducíamos una imagen sin que la idea de plagio o falsificación llegara a nuestra mente. Incluso atesoramos algunos de estos objetos, esperamos el momento preciso para compartirlos y somos celosos de ellos sin ser sus creadores. La revolución de la reproductibilidad digital se alejaba de la primera edición, del original, del ego del genio creador. Cosa que ni el grabado, la imprenta, la fotografía y el cine[4] habían podido hacer. Esta anti-originalidad radicaba en un cambio en el concepto de materialidad, y por lo tanto, de nuestra interacción con los objetos. Pero todo era un espejismo…

 

Para el famoso Walter Benjamin (1892-1940), un experto en el tema, la autenticidad depende de la permanencia material de las cosas,[5] de su existencia en la parte tridimensional de la realidad. Gracias a esta materialidad, para Walter, la obra puede tener un aquí y un ahora, un aura con la que el espectador podrá relacionarse pero jamás podrá asir por completo, porque es ajeno a ella. Dicho esto, es evidente que las obras de arte digital, validadas como originales y únicas a través de un NFT con cierto valor monetario en el mercado, embonan con el supuesto aurático de autenticidad de Benjamín; al mismo tiempo que rompen con la condición de posibilidad de dicha tesis al no existir en los ejes de “X”, “Y” y “Z”.

 

Los medios para producir, reproducir y exhibir una obra están al alcance de nuestras manos, literalmente. El aura de una obra, su aquí y su ahora, ya no dependee de la materialidad como era entendida hasta la llegada del espacio cibernético. Tener un “aparecimiento único de una lejanía, por más cercana que pueda estar”, como llamaba Benjamin al aura, en el arte digital no depende de la materialidad del objeto que busca ser consumido u observado, sino de la materialidad de una herramienta que crea un puente entre el sujeto y el objeto; un smartphone, por ejemplo.

 

“La autenticidad de una cosa es la quintaesencia de todo lo que en ella… puede ser transmitido como tradición, desde su permanencia material hasta su carácter de testimonio histórico.”[6]

 

Un UFT de una obra digital se vuelve atractivo para los coleccionistas e inversionistas porque la autenticidad dota a un objeto de una narrativa histórica rastreable, de orden, de una procedencia. Nos hacen creer que el arte es para todos y que debe ser compartido, pero nos encanta pensar que podemos ser dueños de un GIF viral o del primer NFT de arte digital subastado en la historia, en fin, la hipocresía.

Meme hasta el momento anónimo para mí. Fuente: tampoco recuerdo.

 

Santiago del Bosque Arias: En lugar de cuentos me contaban cuadros. Historiador del arte enfocado en el siglo XVII y la Neuroestética; investigador, curador y a veces, profesor. Toda historia merece ser contada, pero depende de su narración y contexto para ser escuchada.

Portada: https://www.christies.com/features/Monumental-collage-by-Beeple-is-first-purely-digital-artwork-NFT-to-come-to-auction-11510-7.aspx

 

Referencias:

[1] https://www.christies.com/features/Monumental-collage-by-Beeple-is-first-purely-digital-artwork-NFT-to-come-to-auction-11510-7.aspx

[2] https://news.artnet.com/opinion/christies-nft-giveaway-1952860

[3] Walter Benjamin, “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, editorial Ítaca, Ciudad de México, 2003, p.43.

[4] En el caso del cine se puede tener el rollo de película original, aunque se necesite de una máquina para su exhibición, la celulosa existe en 3D. Lo mismo pasa con la música, una partitura o la cinta de la primera grabación, no son la obra en sí, pero son cuerpos tridimensionales que la almacenan.

[5] Ibíd., p.44.

[6] Ibíd., p.44.

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