En esta entrevista, Nicolás Cuéllar (Director Editorial de Dharma Books + Publishing) nos comparte los ingredientes detrás del éxito de su casa editorial: entrega, dedicación y trabajo en equipo.


Por María Elisa Schmidt


A pesar de que el escenario actual en México aparenta ser complicado para las editoriales independientes, en agosto de este año Dharma Books celebró su cuarto aniversario con bombos y platillos. Al día de hoy, la editorial fundada por Nicolás Cuéllar (Director Editorial) y su socio, Raúl Aguayo (Director de Arte) ofrece un catálogo con 19 títulos de variados géneros y temáticas. A lo largo de estos cuatro años Dharma Books se ha posicionado como un importante referente en el mercado editorial y se ha distinguido por ofrecer publicaciones con un diseño único y con una propuesta literaria honesta.

¿Cómo describirías la línea editorial de Dharma?

Esta es una pregunta muy importante. Creo que cualquier persona que se encarga de dirigir una editorial y de elaborar un catálogo tiene que tener muy clara la línea de su contenido. En la edición independiente, al menos en Dharma, la elección de títulos es algo que vamos resolviendo sobre la marcha y que vamos entendiendo a partir de los tiempos y las literaturas que se van creando. Siempre estamos abiertos a rectificar el camino y a cambiar de opinión, así como también a secundar ciertas decisiones con publicaciones similares que se desprenden de narrativas o poéticas semejantes.

Dharma es una editorial para todos los géneros literarios. Lo único que buscamos es que todos los textos partan de una necesidad genuina por crear, que la escritura tenga un rol protagónico en el texto y que las autoras y autores se enuncien desde un malestar interior que solo pueda resolverse a través de la escritura. La sustancia del catálogo está conformada por títulos que parten de una honestidad intelectual y que buscan conversar haciendo el menor daño posible al mercado de la sobreoferta de libros y aportando a la conversación cultural.

¿Cómo empezó este proyecto? ¿Raúl y tú ya habían soñado con él desde hace mucho tiempo?

En realidad sí es algo que teníamos pensado desde hace mucho tiempo. Por lo menos unos tres años antes de constituir Dharma ya habíamos hablado de que queríamos fundar una editorial. Raúl y yo nos conocimos alrededor del 2012 y fue como al año de conocernos que comenzamos a soñar con tener una editorial. Ahorramos lo que pudimos, y cuando tuvimos cierto capital económico para cubrir los gastos de la edición de un par de libros fue que nos decidimos a lanzar el proyecto. El nombre lo escogió Raúl, y mucho tiene que ver con el Dharma[1] en la literatura, por así decirlo.

Lo más bonito de este proceso es que nadie esperaba nada de nosotros, porque nadie nos conocía en el ámbito literario y cultural del país. Fue muy lindo ver que todo lo construimos nosotros junto con el equipo de Dharma (Lucía, Mariana, Katia, Valeria, Sandra, en su momento estuvo Fernanda, Beto y Rodrigo). La gente que ha pasado por la editorial ha sido maravillosa con nosotros y con el proyecto. Ellos son los verdaderos culpables de que sigamos caminando.

Si tuvieras que resumir estos primeros cuatro años de Dharma con una anécdota, ¿cuál sería?

Cuando estábamos Raúl, Valeria y yo a las once de la noche en la imprenta esperando a que se terminara de imprimir el libro de Rosa Durán, el título con el que inauguramos nuestro catálogo. Estábamos nerviosos porque al día siguiente era la presentación del libro con Rosa; no queríamos quedar mal con las ochenta personas que habían confirmado su asistencia ni tampoco con la autora. Era nuestro debut en el mundo editorial.

Y al final me imagino que sí salió el libro, ¿no?

Sí, salió perfecto, y esa anécdota siempre la atesoramos mucho todas y todos en Dharma, porque nos habla del compromiso y el amor que le tenemos al proyecto.

¿Cuál es una de las satisfacciones más grandes de ser editor independiente?  

En Dharma nos damos el tiempo y la libertad de elegir nuestros títulos en función de las necesidades que se van presentando sobre la marcha. El hecho de no tener compromisos económicos tan fuertes y un aparato tan grande que mantener nos permite experimentar y hacer apuestas más arriesgadas. Si al libro no le va tan bien económicamente, en Dharma no lo vemos como una pérdida de dinero, sino como una convicción de que más allá de que al libro le vaya bien, estamos intentando marcar la pauta dentro de ciertas ofertas culturales o literarias.

Intentamos unirnos a la conversación y decir: “Esto es lo que creemos que vale la pena”. Si se vende o no se vende es otro tema, y obviamente siempre es bueno que se venda, pero, sobre todo, un triunfo para la edición independiente es ocupar las listas de los libros del año, las reseñas más importantes, estar en los espacios más relevantes como las ferias de libro nacionales e internacionales, porque es nuestra manera de competir a codazos con las editoriales consolidadas. Una de las cosas más bonitas de ser editor independiente es que vas descubriendo año con año lo que de verdad te funciona y lo que de verdad piensas que le puede apasionar a la gente.

¿Cuáles son los beneficios para los escritores que deciden publicar en una editorial independiente?

En Dharma las autoras y los autores tienen acceso a un adelanto por sus publicaciones. Al mismo tiempo tienen una relación estrecha con sus editores y el diseñador que trabaja la portada del libro. El cuidado de cada ejemplar es muy especial y muy distinto al que tienen en los grandes sellos editoriales, cuya mayor preocupación es la venta masiva de libros. Para nosotros cada publicación es la más importante y es igual de relevante que la anterior. Todo el equipo se enfoca en el libro del momento y trabaja en conjunto para hacerlo con el mayor cuidado al detalle posible.  

En Dharma tenemos todo un carrusel de prensa que se hace en torno al libro. Como escritor vives lo mejor de los dos mundos: lo mejor de los grupos editoriales, en el sentido de la prensa, las ferias del libro, y al mismo tiempo vives lo mejor de estar en una editorial independiente que es tener acceso a una edición cuidada y a un diseño personalizado y único.

Cuando pienso en Dharma, pienso en una comunidad de escritores, editores y lectores. Me queda claro que el trato directo y especializado que se le da a los colaboradores ha derivado en una relación estrecha entre ellos y ustedes. ¿Dónde entra el lector en esta ecuación? ¿Cómo se desarrolla esta sinergia entre los colaboradores, los lectores y ustedes como editores?

El lector entra en la parte final de la ecuación: cuando se tiene listo el producto. Como dices se ha creado una comunidad muy padre con los escritores porque todos y todas de cierta manera encuentran en Dharma una casa y entonces la comparten junto con ese cariño. El producto final está pensado para los lectores ávidos por libros de calidad.

Cuando el producto llega hasta sus manos, por lo general, las respuestas han sido positivas. Obviamente no esperamos gustarle ni caerle bien a todo el mundo y tampoco pretendo que todos los libros les gusten a todos nuestros lectores por igual, pero la honestidad con la que elegimos nuestros textos y el cuidado de nuestras ediciones nos ha traído a seguidores fieles.

Creo que la literatura se enfrenta a esta parte subjetiva y voraz de la competencia y sobre todo el juez más duro es el tiempo, que es nuestro enemigo más grande como editores, los libros siempre se enfrentan a la relevancia que puedan seguir teniendo en el transcurso de los años. Creo que el lector o la lectora entran en la parte final de la ecuación, pero no porque sean lo último, sino más bien, porque uno hace los planes al revés. Uno siempre piensa cuándo va a salir en librerías y desde ahí hacia atrás se hace una planificación editorial. En ese sentido es que siempre se está poniendo primero al lector y a la lectora.

De igual forma, nuestras presentaciones de libro nos han ayudado a construir una comunidad en la cual todos podamos interactuar. En Dharma buscamos consentir a nuestros lectores: hemos creado listas de reproducción en Spotify para acompañar la experiencia. Creo que esto es lo que también nos mantiene cerca de nuestro público, el hecho de que saben que queremos estar cerca de ellos.

¿Cuáles han sido los cambios más significativos a los que se han enfrentado a partir de la pandemia?

En primer lugar, hemos tenido que crear un departamento de ventas con el fin de multiplicar el número de ejemplares vendidos. Por otro lado, comenzamos a digitalizar nuestro catálogo y a venderlo en plataformas como Bookmate.

¿Piensan continuar editando libros electrónicos después de la pandemia?

Sí, definitivamente. Aunque esta no es nuestra prioridad, nos hemos dado cuenta de que hemos podido acercarnos a nuevos lectores que viven en ciudades con pocas librerías y su única manera de tener acceso a publicaciones de editoriales independientes es a través de un Kindle o Bookmate. También descubrimos que esto ayuda a la exposición internacional de nuestro catálogo.


[1] Palabra sánscrita que significa ‘religión’, ‘ley religiosa’ o ‘conducta piadosa correcta’. ​


María Elisa Schmidt (1995, CDMX) navega entre los mundos del cine y la literatura. Es editora de C de Cultura desde que se creó el proyecto. Tiene un blog literario en el que escribe poesía y cuento.

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