No todo en Brasil es carnaval y samba. El tropicalismo fue un esfuerzo artístico para mostrarle al mundo, y a si mismos, la desconocida pero creciente faceta moderna de la cultura amazónica, una colisión entre la conservación de los elementos tradicionales y la curiosidad por los nuevos ingredientes occidentales.

El Manifesto Antropófago del poeta brasileño Oswald de Andrade, reubicó la imagen del caníbal al contexto cultural, con la intensión de integrar los dos pilares que construyeron la identidad brasileña. Andrade contrapone y busca integrar los valores antagónicos de la influencia europea y los elementos puramente locales, mediante la idea de que, como antropófago, el hombre puede consumir y digerir diversas corrientes y al final obtener una creación inédita, partir de su mezcla. De esta idea, décadas después, surge el Tropicalismo o Tropicália.

A finales de los sesentas, en plena dictadura brasileña, se recuperan las ideas de Andrade, ahora en el medio artístico, y con un alcance importante sobre todo en la música. Se tiene la necesidad de imitar los sonidos de occidente, pero nunca con la intención de olvidar los ritmos populares ni las tradiciones locales, inclusive agiganta algunas propiedades tradicionales, con el fin de honrarlas. El Tropicalisimo, fuera de sonar como un intento de marca de bronceador o de jugos naturales, es un esfuerzo por alcanzar la modernidad en Brasil a la brasileña. Por construir rascacielos, sin necesidad de derrumbar las favelas.

Como buena vanguardia, el movimiento musical tiene su propio manifiesto, Tropicália Ou Panis et Circenses, un álbum recopilatorio que nos introduce a este revoltijo de géneros. Según Rolling Stone, el segundo mejor álbum brasileño de todos los tiempos, por delante de cualquier producción de Roberto Carlos, lo que tiene que significar algo para la música popular amazónica. Os Mutantes, Caetano Veloso y Gilberto Gil, entre otros, son los responsables de esta colisión entre el rock and roll o la psicodelia y la samba o los tradicionales ritmos africanos.

El canibalismo artístico al pie de la letra del Manifesto Antropófago, del que seguramente Oswald de Andrade estaría orgulloso y cuyo resultado, sin precedentes, contribuiría a la modernización de un Brasil que ante el mundo y ante el mismo no lograba rebasar la percepción del carnaval, una imagen tradicional.

Es por eso que el género, durante su breve existencia, estuvo acompañado por la represión, característica de cualquier movimiento artístico paralelo en el espacio latinoamericano. El Tropicália representaba una amenaza directa para el modelo de juventud tradicional que la dictadura en turno quería conservar. Sin embargo, el movimiento se expandía inevitablemente a lo largo y ancho del país, pues para eso había sido concebido, para ser un elemento popular de la cultura brasileña.

La difusión del Tropicalismo llegó a su cumbre en el III Festival de la Música Popular Brasileira, un certamen de alcance nacional en donde los artistas más escuchados de Brasil competían por el reconocimiento popular. Caetano Veloso y compañía no dejaron pasar la oportunidad de exhibición y presentaron ante todo el país, incluyendo las autoridades más severas, el Tropicalismo en su máxima expresión, sin tapaduras. Días después las principales figuras del género abandonaron el país por amable recomendación de la dictadura.

Veloso duarnte el lll FMPB, Archivo Nacional de Brasil.

Brasil después de la samba

El tiempo pasó y Brasil repatrió a sus héroes culturales. Todo para encontrarse con un país modernizado en todos los sentidos, un país que ya no solo es samba ni bossa. Durante su ausencia, y ahora mucho tiempo después, el movimiento se populariza y alcanza su cometido, se vuelve una parte indispensable de la cultura nacional.

El mismo David Byrne admite haber tomado elementos del Tropicalismo para su propio estilo. Beck en su Mutations (clara referencia a Os Mutantes), revive el género con Tropicalia. La escena contemporánea brasileña, notablemente psicodélica, sería inconcebible sin las intervenciones de este canibalismo cultural. Desde la década de los setentas el soundtrack de todo un país, y de todo melómano, se rinde ante esta locura.

Ilustración: @luciaelguea

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