Todo chilango se ha visto en la necesidad, por lo menos una vez en la vida, de utilizar el transporte público de la Ciudad de México. Vaya al trabajo o a la escuela el chilango debe abrirse paso por las curiosidades y situaciones que nos presenta la vida en multitud.

Sobre los viajes en la Ciudad de México

Recuerdo con cariño los viajes que mi madre y yo teníamos que realizar para poder ir a la escuela. Una de las actividades principales semana tras semana era navegar entre camiones, estaciones y vagones del metro. Afortunadamente y a la fuerza, aprendí a sobrevivir dentro de un sistema de transporte público extrañísimo.

Un estudio del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI)[1] aproxima que entre semana se realizan 34 millones de viajes en la zona metropolitana. 11. 15 millones son caminando y otros 15. 57 en trasporte público. Sin duda alguna, podríamos llegar al acuerdo, de que los habitantes de la CDMX son expertos en el arte de transportarse de un lugar a otro. Ya sea en combi, pecero, taxi, metro, bici taxi, caminando o corriendo, el chilango promedio podría considerase como un faquir en su ciencia, expuesto siempre a la peligrosidad de las multitudes citadinas.

Todos entendemos los estragos que provocan los dos peseros peleando por el pasaje, o tener que cargar un San juditas del doble del tamaño de un cuerpo humano y mantener simultáneamente el perfecto equilibrio entre un golpe en la cabeza y la serenidad de un santo. O un perro que corre de forma nerviosa 300 metros en la intersección Pantitlán-Puebla para después morir electrocutado, paralizando por horas la movilización de lo vagones, y no se diga de la falsa aparición de una virgen que congregó a toda una oleada de súbditos. El viajero urbano tendrá siempre que lidiar con eventos extraordinarios de la vida en multitud. Lo cierto es, que la naturaleza de ser viajero en una ciudad laberíntica, trae consigo un abanico de imágenes bastante peculiares.

El metro de la ciudad de Mexico podría considerarse como una ciudad dentro de otra. Cientos de personas se encuentra aglomeradas por una ciudad existente en la superficie. Trabajadores, estudiantes, expertos en detergentes, músicos, algún zapato perdido, una mujer que zapatea mientras toca su jarana huasteca e improvisa décimas, un rapero, una señora descalza que busca alguna moneda que la apoye y un héroe que distribuye a un módico precio los grandes éxitos del reggaetón. Son parte de una vida subterránea no tan oculta. El metro de la ciudad de México no solamente representa un viaje práctico al interior de una ciudad caótica sino también revela en su intimidad un espacio de lo más curioso y extraño. Los viajes interurbanos en otra ciudad difícilmente logran presentarnos con las casualidades y extrañamientos que nacen al interior de una  multitud viajera.

Todos los días, el chilango sale de su casa con la necesidad de llegar a algún lugar. En el transcurso de ese viaje se presentan situaciones en las que el mexicano es puesto a prueba. Sin embargo, no son viajes transnacionales donde el viajero se inserta en una vida pública ajena.  Al contrario, el defeño, es obligado a sumergirse en su propia idiosincrasia con cada viaje que realiza. 34 millones de viajes se suceden todos los días en la zona metropolitana, y dentro de cada uno de esos viajes se orquesta una situación imposible, como la aparición de una virgen o el suicido de un perro. Estos factores extraordinarios convierten a los chilangos en expertos viajeros, ya que dentro de la rutina, se encuentran los mayores exploradores desde el descubrimiento del valle de México.

A continuación una lista sistemática que garantiza la supervivencia en el transporte público:

1. Celular falso: este señuelo permitirá engañar al gandalla que te quiere bajar el celular.

2. Distribuir equitativamente la quincena en los rincones más apartados de tu cuerpo.

3. Abrazar la mochila para evitar arrebatos mientras concilias el sueño (cualquier escenario aplica: combi, pecero, taxi, bici taxi, caminando, corriendo).

4. Un ventilador portátil para contrarrestar los embates del calor.

[1] http://www.beta.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2018/EstSociodemo/OrgenDest2018_02.pdf

 

 

 

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