Un breve comentario que reflexiona en torno a la separación de niños migrantes de sus padres y de nuestro posible papel ante este tipo de acontecimientos.

Lo importante es saber lo que debe ser observado

– Edgar Allan Poe

En el siglo XXI es difícil hablar de culpabilidad en tanto a que todo, como se ha ido viendo a lo largo del último siglo, es interdependiente de un discurso y de quién lo articule. A esto se le conoce de manera burda como perspectiva y es producto de una serie de variables (ubicación geográfica, religión, género, estatus civil, etc) que construyen una visión sobre el mundo. Pero, aun así, ¿por qué en ciertos casos algún suceso puede parecernos injusto? Creo que una respuesta a botepronto podría ser aquello que rompe con un derecho no nombrado, o bien con un código ético; algo que por así decirlo, se ha acordado dentro de una sociedad y que nos liga o deslinda de ella. Un ejemplo podría ser una pareja que siempre le ha dado lo mismo a sus dos hijos y de pronto, sin mayor explicación, comienzan a proporcionarle más atención a uno que al otro porque saben que lo molestan en la escuela y presienten que podría tener una autoestima baja. Ante los ojos del hermano, esto sería entonces una conducta reprobable, mientras que para los padres sería un mecanismo de protección y de remarcar su amor.

Esta subjetividad que permea a lo injusto es aquello que puede respaldar un discurso como el de Donald Trump y en específico llevar a cabo una acción como la de separar a niños migrantes de sus padres en la frontera de México con los EE.UU.A. Porque, ante los ojos del presidente estadounidense y de sus seguidores, todo migrante es un criminal que debe ser apartado de la sociedad con el fin de promulgar la paz y el orden interno.

Alrededor de 2,300 niños han sido separados de sus padres en la frontera de México con los EE.UU.A

 

En situaciones como ésta, cabe preguntarse ¿por qué algo me parece o no injusto? Y ¿qué es lo que puedo hacer para ayudar a que esta injusticia sea erradicada, minimizada, enmarcada o difundida? Un ejercicio que a mí en lo personal me ha servido mucho en los últimos meses antes de pensar en involucrarme o no en una causa sociopolítica fue hacer un examen de privilegio[1] en la página de Buzzfeed.

https://www.buzzfeed.com/regajha/how-privileged-are-you?utm_term=.qrBgljoVrk#.juAEX1nJrq

 

Al haber contestado estas preguntas pude, a grandes rasgos, conocer mi posición en la sociedad y la energía que yo podía destinar a ayudar a la gente que comparte preocupaciones similares a las mías y a aquellas que por ser menos privilegiadas que yo, podría ayudar. A raíz de este ejercicio se puede lograr pensar al individuo como parte del eslabón de una cadena inseparable y así reconocer lo precarios que somos y que ésta es la condición más valiosa que nos puede unir a cualquier otro ser humano. Como dice Judith Butler en su libro Marcos de Guerra, la precariedad del ser humano es aquello que nos hace relacionarnos con otras personas, en tanto que somos incapaces de subsistir por nosotros mismos. Por este motivo viene el reclamo y el apoyo.

Observar(nos) en relación con otros. Y enmarcar las situaciones que nos parecen injustas.

 

El muro ha sido construido a base de discursos de odio: de un lado estamos los que vemos en este acontecimiento una sórdida injusticia y del otro habitan aquellos que encuentran esperanza y tranquilidad en este tipo de posturas, desde un falso colectivismo, que en aras de “proteger” olvida al otro y propaga un individualismo extremo.

“Ante la política de 0 Tolerancia  todo aquél que cruce la frontera con los EE.UU.A es un criminal y sus hijos serán retenidos durante el proceso legal”

 

Observar, ha sido desde tiempos milenarios una herramienta poderosa y dependiendo de dónde uno lo haga el panorama cambia al igual que los paradigmas. Cobrar consciencia de nuestra posición en el mundo puede resultar tan revelador como poner nuestra mirada en un telescopio y contemplar el cielo nocturno, y encontrarnos parte de un sistema que se expande mucho más allá de la Tierra.

Al conocer entonces la responsabilidad que conlleva la posición que tenemos en este mundo y sabernos parte de algo que trasciende nuestra individualidad, casos como este, vistos desde nuestros ojos, podrán ser acogidos como algo que nos compete. Y entre más personas puedan observar con claridad, menos muros se necesitarán para bloquear el horizonte.

 

[1] Quiero aclarar que no solamente hablo de un privilegio económico sino de orientación sexual, religiosa, género, entre otras muchas características que determinan nuestra identidad.

 

Fuentes:

https://www.youtube.com/watch?v=ItWweMVi41s

Butler, Judith. Marcos de guerra. Las vidas lloradas. Paidós, 2010.

Imagen de portada:

https://www.ellatinoonline.com/2014/jun/18/cruzan-la-frontera-miles-de-ninos-migrantes-proced/

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