Me acuerdo perfecto de la tarde del incidente. Fue un viernes de febrero, yo venía en el coche saliendo de la Ibero, con un humor de la chingada. No había sido un buen día, me pusieron 7.5 en una entrega y me acababa de putear por teléfono con mi ex.

Una canción de Mecano comenzó a sonar, agarré mi celular y contesté. Era Paco, mi mejor amigo. Tras oír mi berrinche y aconsejarme, me propuso ir al parque a echar unas chelas para despejar la mente. Luego luego acepté.

 

Nos encontramos en una calle a medio camino, estacioné mi coche y me subí al de él. Pusimos música y con cada canción que pasaba, mi mal humor se iba esfumando.

Dejamos el auto en frente del parque y nos bajamos. Yo dejé mi bolsa con todas mis cosas menos mi celular. Paco sacó el six pack de Indio, dos chocolates, y su maqueta de arquitectura.

 

-¿Para qué la bajas? – le pregunté señalando su figura de cartón.

 

Paco me dio las cervezas y abrió un compartimento secreto que mostraba el interior de la maqueta. Me asomé y al ver el contenido lo volteé a ver negando con la cabeza.

 

-Quedamos que solo chelas, Paco. Yo no pienso fumar.

 

-Está bien, no hay pedo, es que no me gusta dejarla solita en el coche, me da cosa que le pase algo.

A continuación, abrazó muy fuerte su entrega con los dos brazos y la besó.

 

Caminamos un rato por el parque hasta que encontramos un muy buen spot junto a un árbol muy ancho.

Nos sentamos recargando la espalda en el tronco y sacamos una Indio cada quien.

Brindamos por nuestra amistad y le dimos nuestro primer y último sorbo, ya que cinco segundos después teníamos a dos policías parados en frente nuestro, viéndonos con cara de amenaza.

 

-¿Qué pasó, Polis? ¿Cómo andan? – les preguntó Paco en un tono lo más relajado que pudo.

 

-Me temo que sí los tendremos que detener, joven. No se puede consumir bebidas alcohólicas en vía publica.- dijo el más gordo de los dos.

 

-A penas la acabamos de abrir, Poli. ¡Mira cómo está llena! – le dije – danos chance, no teníamos mala intención. Si quieren vaciamos las dos que están abiertas y llevamos al coche las demás.

 

-Es que el daño ya está hecho, damita. No está en nosotros.

 

Los polis se voltearon a ver entre ellos y el gordo le dijo algo en secreto a su compañero.

 

-Si realmente sus intenciones son  tomarse solo unas cervezas, no tendrán problema con que los revisemos, ¿o sí?

 

-Ningún problema – les respondió Paco muy seguro de sí mismo – adelante, por favor revísenos, no tenemos nada que esconder.

 

-¿Seguros que no tienen nada que los comprometa? Es mejor que nos digan de una vez, porque si encontramos algo, ya no hay vuelta atrás, jóvenes. Se van directo a la delegación.

 

-Cien por ciento seguros- afirmó mi amigo mientras me extendía la amo para ayudarme a levantar.

 

Los polis nos pidieron que volteemos nuestros bolsillos, y en lo que el gordito nos checaba, el otro señaló el six pack y nos dijo:

 

-Ustedes tienen Marihuana. Sino, ¿por qué traen dos chocolates?

 

-¡¿Qué?!, ¡¿ahora también es ilegal cargar con chocolates?! Eso no significa nada, me estás ofendiendo, mi poli. – le contestó Paco.

 

-Ustedes traen Marihuana y la voy a encontrar, sépanlo.

 

Bajé la mirada y me esforcé por no voltear a ver a Paco ni a su estúpida maqueta. Las manos me comenzaron a sudar. No tardaron ni tres minutos en encontrar la hierba de mi amigo.

 

-Acompáñanos por favor- dijo uno de los dos con la maqueta en la mano.

 

Caminé en dirección a ellos, pero a los tres pasos me detuvieron diciendo:

 

-No señorita, usted no. Nosotros somos caballeros, solo viene el joven.

 

-No pasa nada, amiga. Te marco cuando pueda – me dijo Paco tratando de hacerse el fuerte.

 

Lo vi alejarse con los polis. Agarré uno de los chocolates y me lo comí tratando de calmar mis ansias.

Unos quince minutos después, cuando percaté que neta se habían llevado a mi amigo a la delegación, tomé el six y me dirigí al coche.

 

-¡Puta madre! – dije para mis adentros cuando me di cuenta que Paco tenía las llaves de su coche, que tenía las llaves de mi coche y mi cartera adentro

No sabía si pedir un Uber y alcanzarlo en la delegación, ni siquiera sabía dónde estaba la delegación.

 

Saqué mi celular y le marqué a una amiga para que pasara por mí, pero antes de que contestara vi una silueta a lo lejos. Era Paco.

Colgué rápido y corrí hacia mi amigo, me detuve frente a él y lo abracé. Él comenzó a llorar, pasaron como diez minutos y Paco seguía chillando.

 

-Ya no llores, lo importante es que te dejaron ir…

 

-Sí, pero a consecuencia de que…

 

-¿Cuánto les pagaste, Paco?

 

-Nada- me respondió entre sollozos- no les di ni un centavo, pero se quedaron con la weed. – y a continuación comenzó a llorar aún más fuerte.

 

-No entiendo por qué te pones así, después compras más, no es como si fuera algo irremplazable…

 

-Es que tú no lo entiendes, amiga. Ésta te hace volar muy cabrón, literal.

 

Repitió esto último como cinco veces, y no volvió a emitir sonido, de ahí a que me llevó a mi coche.

 

Manejé a mi casa, cuando llegué lo primero que hice fue meterme a bañar, había tenido un día de mierda. Cuando salí me puse pijama y me acosté en la cama a ver mi celular. Me metí a Twitter y vi un hashtag que me llamó la atención, el cual decía: #NoEsUnPajaroNiTampocoUnAvion, seguido por una imagen de un señor uniformado medio gordito, probablemente un policía, flotando en el aire, dando la impresión de que estuviera volando.

 

Envíaselo a un amigo