¿Qué pasa cuando la famosa frase de "al cliente lo que pida" nos obliga a trabajar para gobernadores o políticos corruptos? El construir para la corrupción arrastra a los arquitectos hacia la misma oscuridad. Uno sabe para quien trabaja, pero no de donde viene el dinero. Esta es una mirada a la arquitectura del poder.

La arquitectura se caracteriza por ser un fiel reflejo de la sociedad que lo construye, así como de las personas que son parte de ella. Sin embargo, durante los últimos años nos hemos encontrados con innumerables periodicazos mostrando el gasto desmedido de los políticos que nos gobiernan: relojes, autos, yates, viajes, entre otros lujos. No es sorpresa que muchos de estos personajes, miembros de tantas instituciones gubernamentales, hagan mal uso de los recursos públicos. Lo que sí sorprende es la cantidad de encargos hechos a arquitectos de renombre: casas, mansiones y ranchos; todas con un costo altísimo. Estas obras se han vuelto portadas de revistas, ganadoras de concursos y medallas, así como también han sido publicadas en el internet como joyas de la arquitectura, pero ¿a qué precio?

En las escuelas de arquitectura se enseña a complacer al cliente siguiendo nuestras convicciones artísticas y basándonos en el gusto y las necesidades de quien nos contrata, pero en ningún momento nos hablan de la veracidad, de la honestidad. Es un hecho que está en cada uno de nosotros trabajar dentro de la lógica del bien, actuar correctamente y ser fieles a nuestros principios, pero nos encontramos dentro de una sociedad en la cual muchos de nuestros clientes podrían ser figuras de la corrupción.

Casa La Palma – Enrique Peña Nieto

La famosa Casa Blanca, cuyo nombre es Casa La Palma, perteneciente a Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera, ubicada en Lomas de Chapultepec, es obra de Miguel Ángel Aragonés. Increíbles espacios blancos con iluminación que recuerda a James Turrell, pisos de mármol y siete recámaras, todo con un valor aproximado de siete millones de dólares, conforman una de las mansiones más controversiales de los últimos años.

Si bien se especula que la construcción es una muestra flagrante del despilfarro de recursos públicos, no deja de ser una bella pieza arquitectónica. En este caso, Miguel Ángel Aragonés ha sido arrastrado en el escándalo de corrupción que envuelve su obra. ¿Es él, parte del equipo del villano, o simplemente cumplió con su trabajo? Es indispensable saber que el arquitecto Miguel Ángel Aragonés cuenta con una trayectoria envidiable: conferencias, reconocimientos y premios alrededor del mundo lo han hecho una figura icónica para la arquitectura mexicana; sin embargo, el hecho de ser partícipe en la materialización de un gobierno acusado de corrupción ha manchado su carrera irremediablemente.

Rancho Las Mesas – Javier Duarte

Lo mismo me preguntaría en el caso de Manuel Cervantes, arquitecto del lujoso Rancho Las Mesas y propiedad del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte. Se trata de un rancho espectacular a dos horas de Valle de Bravo que cuenta con caballerizas para 50 caballos, ruedo de entrenamiento y espacios de lujo. La construcción de este lugar vuelve cuestionable la relación del arquitecto Cervantes con el ex político ahora encarcelado.

El proyecto ecuestre es otra muestra de que uno sabe para quién trabaja, pero no de dónde viene el dinero. El sistema político y económico del cual formamos parte se encuentra viciado, y por lo tanto debemos ser cuidadosos al elegir con quién y para quién trabajamos.

Cervantes, al igual que Aragonés, ha sido galardonado con diversos premios y reconocimientos, también es el primer mexicano en tener una edición monográfica en la revista El Croquis, pero dentro del gremio se cuestiona lo siguiente: ¿hasta qué grado la participación del arquitecto se puede ver involucrada en la misma corrupción de la cual es partícipe?

En vísperas de las elecciones del 2018, los candidatos se encuentran envueltos en escándalos de corrupción y mentiras. En ocasiones a los arquitectos nos toca dar la cara ante estas situaciones, lo cual implica que tenemos que ser transparentes con el gasto del dinero otorgado para obra pública. Muchos otros proyectos como la Estela de Luz de César Pérez o el Ecoducto de Elías Catán nos muestran que es fácil caer en esta trampa disfrazada de trabajo. ¿Queremos ser reconocidos por nuestra obra, aún cuando sepamos que el dinero con el que nos pagan es robado?

Queda en nosotros trabajar de manera honesta, responsable y transparente.

El arte no debería de separarse de la integridad.

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