La película "A Ghost Story" es una meditación sobre la perdida y la tragedia de permanecer en un lugar donde todo está perdido. Es un largo poema de la conexión, las relaciones, la aprehensión y la manera en que des(habitamos) este mundo.

“If I could catch the feeling, I would;

the feeling of the singing of the real world,

as one is driven by loneliness

and silence from the habitable world.”

Virginia Woolf


El
La Poética del Espacio, Gaston Bachelard medita acerca del simbolismo de los hogares, no simplemente como espacios que habitamos, sino también como estructuras que protegen nuestra imaginación. Cada casa, entonces, contiene un mundo. Construimos los lugares que habitamos y estos nos construyen, es decir, nos sostienen. Estamos hechos de esquinas, cajones de secretos y objetos escondidos hasta atrás de los clósets.

Nuestra casa suele ser el único lugar en el que estamos a salvo, pues ahí no tenemos que defendernos de las amenazas del “mundo real”. De la misma manera, una casa es un albergue de memorias, una especie de tiempo comprimido en donde pasado y presente convergen. Las casas crecen y se desgastan junto con nosotros: las paredes se descarapelan, los metales se oxidan, el piso se ensucia y los muebles se decoloran. El tiempo se vuelve tangible en los hogares, pues depositamos ahí nuestra historia.

A Ghost Story es una película de una casa habitada por un fantasma que antes de morir compartía ese hogar con su esposa. En lugar de desprenderse de su pasado, el fantasma de C (Casey Affleck) decide quedarse por lo que parecen siglos observando como la vida dentro de ese hogar continúa sin su presencia. Por definición, un fantasma es aquel que está y al mismo tiempo no está, rompe las barreras del espacio y el tiempo pues se relaciona de una manera distinta con su entorno. En este caso, aunque el fantasma de C es invisible para todos los personajes, nosotros como espectadores lo vemos como una presencia incómoda y pesada a lo largo de toda la película.

La única forma en que los personajes dan cuenta de la existencia del fantasma es a través de los objetos que mueve, los vasos que tira, las puertas que azota. Es como si C le hubiera dado la vida que ya no tiene a la casa y una vez que esta es derruida, el desaparece junto con ella. El filme incluso abre con un epígrafe de Virginia Woolf que dice ”whatever hour you woke there was a door shutting”, como si la casa pudiera ser una extensión de una voz y un cuerpo que ya no están en el mundo de manera concreta.  

Las tomas largas y el ritmo pausado dan la sensación de que el paso del tiempo también puede llegar a ser una carga o una condena. El hilo narrativo se ve sustituido por el movimiento, la dimensión espacial, la luz, los reflejos y el silencio. Todo se mezcla en un mismo plano y todos los momentos coexisten en un mismo espacio. El fantasma de C se aferra a un lugar en el que alguna vez construyo una vida y observa como eso que alguna vez llamó su hogar se transforma en algo completamente ajeno a él: su esposa se muda, otras familias llegan, pintan las paredes de otro color y hay niños jugando. Todo se transforma y se mueve, pero él permanece estático y loco de nostalgia. Mientras el resto sigue construyendo memorias, C se queda atorado en el recuerdo e intenta recuperar algo (aunque solo sea una nota escondida entre las rendijas) que reviva su pasado. Mas que una historia de fantasmas, A Ghost Story es una meditación sobre la perdida y la tragedia de permanecer en un lugar donde todo está perdido. Es un largo poema de la conexión, las relaciones, la aprehensión y la manera en que des(habitamos) este mundo.

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