A pesar del tiempo que ha pasado desde que George Lucas se aventuró a mostrarnos el Halcón Milenario por primera vez, esta película le debe parte de su alma a un globo rojo y al niño que se atrevió a jugar con él.

El Luftballon Nº 100

Pablo Tenorio Moreno

Antes de volar en el primer avión, el ser humano voló en globo. Antes de filmar naves espaciales, filmó al globo.

Solo: A Star Wars Story es la más reciente precuela en el universo de Star Wars y se estrena este 25 de mayo.

A pesar del tiempo que ha pasado desde que George Lucas se aventuró a mostrarnos el Halcón Milenario por primera vez, esta película le debe parte de su alma a un globo rojo y al niño que se atrevió a jugar con él.

En 1956 Albert Lamorisse estrenó El globo rojo (o para los que pronuncian bien “Omelette” en el Sanborns: Le Ballon Rouge).

Con este mediometraje de 34 minutos, Lamorisse hizo más que conquistar el corazón de las audiencias y de la tan prestigiosa Academia.

Lamorisse contribuyó a través del ejemplo a la fundación de una de las leyes del cine y del arte de contar historias que teorizó en la misma época André Bazin.

Usualmente se defiende y define al montaje como la ontología del cine. Es decir, como aquello que hace al cine ser eso que es y no otra cosa distinta. Como el pilar esencial que separa al cine de las demás artes.

Es entonces que irrumpe El globo rojo jugando a cuestionar o quizá definir —en una tradición casi filosófica de delimitación— qué significa realmente el montaje para el cine y hasta dónde pueden estirarse sus límites.

Bazin responde al juego de Lamorisse y presenta el concepto de “montaje prohibido”: Un montaje que traiciona tanto al espectador como al mismísimo tiempo y espacio.

Para no enredarnos tanto: Bazin se opone a presentar una acción dependiente de dos o más elementos/personajes de la siguiente manera:

Toma Personaje “A” [Corte]Toma Personaje “B”[…]

La mayor queja de Bazin ante esta técnica de “Shot Reverse Shot” es que en ningún momento se nos muestra un plano en donde veamos a los personajes “A” y “B” juntos, y que por lo tanto hay un hueco en lugar de una toma que nos asegure un respeto a la realidad y al espacio filmados.

Aprovechando que uno de los personajes principales de El globo rojo es un objeto inanimado, Bazin ilustra su propuesta sobre cómo se debe respetar el espacio filmado mediante el montaje.

El problema de Bazin, lo deja claro, no es el uso de efectos especiales o técnicas de truqueo.

Lo que Bazin condena del “montaje prohibido” es que proyecta sobre la pantalla de cine una realidad que no estamos seguros de que sea, en verdad, la misma que la que se filmó.

En sentido inverso, lo que aclama de El globo rojo es que se retrata en un mismo plano al globo “animado” siguiendo al niño.

Y lo embelesa porque hubiera sido (mucho) más fácil hacer trampa y simplemente alternar de un plano del niño caminando a otro del globo flotando por ahí sin que el equipo creativo detrás de la cámara hubiese tenido que ingeniárselas para dar la ilusión de un globo autónomo.

El que la escena se desarrolle así:

Toma “Niño” [corte] Toma “Globo” [corte] Toma “Niño” + ”Globo” […]

Permite —según lo pone Bazin— retratar, montar y presentar la realidad objetiva que sólo puede capturar la cámara.

Ahí el corazón de esta ley:

Difundir una imagen cuyo espacio no esté alterado para que un mundo imaginario se construya ante los ojos del espectador como un mundo verídico.

Años más tarde, en un Hollywood fascinado por estas “ficciones documentales”, nació entre los “Movie Brats” (que en una traducción mediocre serían los “Escuincles del Cine”) la idea del “Used Future”: el retrato de un futuro desgastado por su propia duración.

Estos “escuincles” causaron revuelo en el Hollywood de los años 70 principalmente porque se trató de la primera camada de directores que había crecido viendo y respirando cine.

Viniendo del cine, a estos jóvenes directores les fue fácil identificar los elementos narrativos y estéticos que los tenían hartos y, pensaban, era hora de revolucionar.

La idea de que en películas como Star Wars el espacio exterior sea polvoso y esté lleno de basura proviene del cansancio de que en el Hollywood clásico los vaqueros lleven siempre camisas limpias y planchadas.

Así, en contra del espíritu “Retro-Futurista”, el “Used Future” nos muestra los vestigios y testigos del tiempo que tomó llegar a una galaxia muy muy lejana. Las naves espaciales no están relucientes e incluso se escucha cada tornillo suelto en su diseño de sonido.

Fue eso lo que nos enamoró del Halcón Milenario y de los X-Wings, en primer lugar.

Aunque hoy en día pareciera contradictorio, pues se ha perdido poco a poco la tradición de construir un Halcón Milenario frente a la posibilidad de crearlo con efectos digitales, lo más importante para Bazin y para los fans de la saga es que se respete el espacio.

Basta con ver el tráiler de Solo: A Star Wars Story para sentir esa vibra de Western-Espacial que nos mantiene a la orilla de los asientos.

Conservar esa estética y cuidar la clase de detalles que fundaron el “Used Future” es lo que nos hace decir: “Te ves bien. Con cosas que pulir. Pero bien

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