"La perfección es tu enemigo. En tus defectos es donde está tu poesía, tu virtud."
- Duane Michals

La fotografía norteamericana de finales del último siglo habla mucho por sí misma. Ya la conocemos. Desnudos, post-surrealismo, flores, heroin-chic, las calles neoyorkinas y los barrios bajos de Los Ángeles. Una visión de lente tan simple y polémica a la vez, desinteresada pero excitante en ocasiones. Muchos considerarían, claro está, que este movimiento fotográfico no es (ni será) el más fructífero ni despampanante dentro del mundo de las artes. Se marcaron pautas, por supuesto, que resultaron de la mano de las artes plásticas y que fijaron mucho el futuro modernista del arte norteamericano, y también internacional. Claro que la fotografía de Robert Mapplethorpe tiene su encanto. Y lo que se proyecta mediante el lente no son solamente tomas al vacío, sino que representa enigmáticamente de qué manera se vivía la cultura del sueño (y pesadilla) americano. Avedon, Leibovitz y Erwitt sólo son parte del montonal ideático de tomas cándidas y stills que nos podemos topar en el MOMA, en la portada del Vanity Fair y en postales de colección. En el boom artístico de la época, no era muy fácil pasar desapercibido. O lo era, en el sentido de fungir como sombra de otros artistas. Para otros, desarrollar y triunfar en la estética significó hacerse a un lado de lo estándar y conocido, así como la redefinición conceptual de lo que es verdaderamente la fotografía.

Duane Michals (Pensilvania, 1932) se educó para ser artista. Estudió la licenciatura en bellas artes, así como un curso en Parsons School of Design, antes de convertirse en fotógrafo. Todo comienza en los cincuentas, cuando se plantea, en una vacación a Rusia, retratar rostros de personas aleatorias. A partir de esto, Michals le dedica el resto de su carrera artística al lente y clic. Inclusive fue el diseñador del artwork jungiano del “Synchronicity” de The Police.

Secuencia de los miembros de The Police para Synchronicity (1983), Duane Michals.

 

Duane Michals se diferencia de los demás fotógrafos en tres aspectos fundamentales.
Uno. La conceptualización filosófica de la fotografía. Michals no está interesado en retratar la calle, sus sucesos o sus actores. No le otorga cabida a escenarios de toma anhelados, luces específicas o recursos de estudios fotográficos. Lo que hace es utilizar la fotografía no como un flash guarda-recuerdos, sino como una herramienta simbólica y emocional, que transmite aún más si se guía con significados supuestos. La importancia de lo sereno, reflexivo y realista en la obra de Michals es fundamental, aunque, de la misma manera, se abre paso a lo surreal y mágico que puede ser el pensamiento y la conducta retratados.

Dos. La adición de texto a las tomas. Junto a una fotografía o secuencia, Michals añade el elemento visual y artístico de la palabra. Las acompaña de poemas, pensamientos o fragmentos temáticos ideados por él mismo. Los complementa de tal manera que separados no podrían llegar a tener el mismo significado. El contenido es filosófico, e invita a cuestionarse. Michals plasma sus recuerdos de la infancia, sus inquietudes y temores de una manera total y completamente transparente y emocional. De esto se trata: de escribir en la fotografía lo que falla de suceder al sólo mirarla.

 

                                         Duane Michals (1986). All Things Mellow In The Mind.

 

Tres (pero no menos importante). La secuenciación. Michals retrata una sola fotografía verdaderamente, aunque fragmentada. Y tal fotografía, en vez de ser un momento capturado para melancolizar después, se convierte en una historia. Una serie de acontecimientos.

 

                                         Duane Michals (1968). Paradise Regained Set of Six.

 

La realidad no atrae para nada desde el lente de Duane Michals. Lo verdaderamente emocionante es tratar de buscar significados escondidos en lo que no podemos ver. Él se autodenomina como un escritor, un cuentacuentos. El fotógrafo que se salió de la línea, que se saltó pasos. El que pasó desapercibido.

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