En los últimos años, productores y DJ’s latinoamericanos han manifestado la inquietud de revivir los antiguos sonidos de raíz que están inmersos en la cultura de nuestro continente. Todo esto mientras continúan innovando y experimentando con tendencias que llegan desde fuera, siguiendo un proceso de apropiación cultural de la misma manera en que se hace un paste.

Dance en tu idioma: Nuestras rolas como nuestros pastes.

El origen de las empanadas es incierto, se ha perdido en el consiente histórico y lo que queda está demasiado borroso para recogerlo sin correr el riesgo de deshonrar intervenciones gastronómicas de culturas milenarias. Hay quienes son capaces de rastrear el platillo mucho más allá de la Edad Media, asegurando que fue en territorio moro que la empanada se vio nacer, otros le adjudican el invento a los catalanes, que serían los primeros en poner la receta en el papel.

Del verbo empanar “Cubrir un alimento con masa o pan, para cocerlo en el horno”, las empanadas llegaron a nuestro continente de la mano de los conquistadores y de cierta manera han logrado ganarse un lugar especial en la gastronomía de la mayoría de los países latinoamericanos, no sin antes pasar por un proceso de apropiación. Desde Inglaterra llegaron como pasties y en México los volvimos pastes, en Bolivia, para pasar las temporadas de frío, empezaron a preparar las salteñas con caldo en su interior y los chilenos las empanadas de pino con carne picada y cebolla.

Este proceso de apropiación no es exclusivo de la gastronomía y de los pastes, es similar en las demás manifestaciones culturales que se dan a lo largo del territorio latinoamericano. Constantemente recibimos las tendencias que las fuerzas culturales nos envían y no encontramos otro remedio que resguardarnos entre nuestras raíces mientras damos una probada de todo eso que llega desde lejos, a nuestra manera, para hacerlo propio.

La música no está exenta de este fenómeno, de hecho, las culturas han recurrido históricamente al sonido para asumir posiciones determinantes ante imposiciones de cualquier tipo. En Latinoamérica desde las melodías religiosas precolombinas hasta el rock en tu idioma han servido para identificar a los grupos locales ante las fuerzas que amenazan esa misma identidad.

La manera en que Latinoamérica reinventa la música electrónica

Hoy en día las nuevas tendencias que llegan a nuestro territorio no son pasties. Las influencias llegan en forma de beats de música electrónica que suenan en las pistas de todo el mundo y que, como si estuvieran recubiertos de hojaldre, han seducido inevitablemente al público y exponentes de habla hispana. El género en sus distintas formas se ha popularizado rápidamente y por supuesto surge la necesidad de apropiárselo.

En este caso en particular, una nueva generación de productores, conformada por artistas como Nicola Cruz o proyectos como Chancha Vía Circuito y Dub de Gaita, opta por loops y sintetizadores de la misma manera que sus homólogos en Europa o el gabacho, sin embargo, se encargan también de recuperar los sonidos que están inmersos en lo más profundo de sus culturas.

Se podría hablar de un regreso a las raíces, pero sería algo precipitado resumir un movimiento tan ambicioso como este con una aserción tan gastada, le restaría el importante mérito que significa la adaptación de ritmos ancestrales en un entorno tan moderno como es la música electrónica. Sería más bien como una constante ida y vuelta a las raíces. La reedición de los ritmos tradicionales que cada nación tiene para ofrecer desde espacios populares, dando como resultado música nostálgicamente innovadora que protege y motiva la identidad de la cultura en ámbitos que por momentos se comenzaban a apagar.

Reconquista de los ritmos ancestrales

Finalmente, el valor de este nuevo giro del género, que en Sudamérica ya comienza a formalizarse como step andino, se encuentra en la capacidad que tienen los exponentes para traducir y volver a popularizar los sonidos que irremediablemente estaban presentes en el consciente cultural de todo el continente pero cuya exposición se había limitado a entornos muy específicos y por lo tanto corrían el riesgo de perderse.

Con cada fin de semana se recupera esa lejana exposición ritual, la música convoca de noche y funde a sus asistentes en un movimiento casi ceremonial, de la misma manera en que nuestros ancestros lo buscaban. El poder de exposición que los productores tienen y le dan a su sonido ha llevado la apropiación cultural a otros niveles. Es como sí los reposteros hidalguenses del siglo XIX no solo se hubieran conformado con alimentar de pastes a los mineros de la zona, si no que hubieran fundado una cadena de restaurantes de comida rápida.

El dance en tu idioma busca hacerle un homenaje a aquellas melodías que sonorizan la historia de las naciones latinoamericanas, quiere renovar y abarcar todos los géneros que construyen la identidad de nuestros pueblos, el movimiento por lo tanto también tiene cierta universalidad, rompe barreras tanto musicales como, incluso, generacionales. Sería difícil no sentirse identificado por algo que busca englobar un pedazo tan amplio de cultura, aquí hay espacio para todos, para quien disfruta corridos, música andina y reggae como para quien le gusten cumbias, dub y samba. El género por sí solo apenas emerge pero su potencial es inmensurable tomando en cuenta su amplitud y la inevitable atracción que el mundo siente por la extravagancia de nuestras culturas.

“Bibliografía”

“Dub de Gaita, Foto por Carlos Saavedra”.

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