Hemos aprendido a callar lo que nos resulta incómodo y sabemos muy poco de nuestros propios cuerpos a causa de todos los tabús que hemos generado en torno a ellos. Legalizar el aborto es una amenaza, pues implica aceptar que cada quien tiene control sobre su cuerpo.

 

Ilustración de Louise Bourgeois

 

“podemos mirarnos a los ojos tal y como somos, sin artificios 

ni disimulos , desnudos sin sentirnos por ello avergonzados” 

bell hooks

 

Ayer se negó el derecho al aborto en Argentina y con ello se silenciaron las voces de miles de mujeres que salieron a la calle para exigir un derecho indispensable para cualquier ser humano: la capacidad de decidir sobre su propio cuerpo. El placer, el goce, la libertad sexual son aspectos que no deberían castigarse o verse amenazados por la culpa y el miedo. La maternidad debería de ser una decisión, no algo impuesto por una ley que no logra dar cuenta de la vulnerabilidad de cada ser humano y sobre todo, las implicaciones físicas, emocionales, sociales y económicas de tener un hijo.

 

El derecho al aborto se ha transformado en una lucha de mujeres, cuando el acto de procrear es mutuo. ¿En dónde están todos esos padres implicados en embarazos involuntarios? ¿Por qué hay tantas más mujeres en la calle manifestándose? ¿Por qué si una mujer aborta está condenada a 4 años de cárcel, mientras que un hombre puede desentenderse de la situación sin consecuencias?

 

No puedo pensar en una experiencia más íntima que la de permitir que otro cuerpo coexista dentro del tuyo, dejarte transformar y alienarte de tu corporalidad por alguien más es un acto de entrega que no puede simplificarse a lo que un papel diga que es “lo correcto”. Obligar a una mujer, o a cualquier ser humano, a hacer algo que no quiere con su cuerpo es ejercer violencia sobre este.

 

Los argumentos “naturalistas” nos han vuelto sumamente intolerantes frente a cualquier cosa que rompa con la norma. No importa si la concepción se produjo de manera voluntaria o involuntaria, si no quieres una nueva vida y hay métodos seguros para interrumpir la reproducción, deberíamos usarlos de manera positiva, en vez de promover abortos clandestinos, inseguros y que puedan perjudicar o terminar con la vida de tantas mujeres.

 

Hemos aprendido a callar lo que nos resulta incómodo y sabemos muy poco de nuestros propios cuerpos a causa de todos los tabús que hemos generado en torno a ellos. Legalizar el aborto es una amenaza, pues implica aceptar que cada quien tiene control sobre su cuerpo, implica dejar a un lado la regulación de la experiencia subjetiva, es una medida que promueve el empoderamiento del individuo. Al mismo tiempo, es una denuncia hacia un sistema que no nos ha dado información suficiente, pues se ha centrado en la prohibición. La salud es un derecho, no algo que se discute en debates de religión y moral.

 

Solo hay cuatro países en Latinoamérica en que es completamente legal el aborto: Guyana, Guyana Francesa, Uruguay y Cuba. En la República Mexicana, solo está despenalizado en la Ciudad de México. El 90% de las mujeres en América Latina viven en una región que les prohíbe llevar a cabo esta práctica. La lucha por la equidad y la justicia no pertenece a unos cuantos, no es responsabilidad de los oprimidos y las minorías. Todos deberíamos tener la libertad de articular nuestra propia historia y todas las voces deberían ser escuchadas.

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