Antes de que el fútbol se convirtiese en una bestia masticadora de capital, el hincha ofrecía a los dioses de la cancha su devoción incondicional y estos le devolvían a cambio 90 minutos de esperanza. El fútbol moderno, tan burocrático y agendado, nos hace sentir que eso quedó en el olvido.

Nota: La tierra, como un balón, es redonda y cada 4 años se encuentran en posición para que suceda el mundial. Cascarita es un proyecto en #CdeCancha que busca encapsular momentos del mundial de Rusia 2018 en 360 palabras. Cortas crónicas con C de Cultura, de Cascarita y de Cancha.

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                Antes de que el fútbol se convirtiese en una bestia masticadora de capital, el hincha ofrecía a los dioses de la cancha su devoción incondicional y estos le devolvían a cambio 90 minutos de esperanza. El fútbol moderno, tan burocrático y agendado, nos hace sentir que eso quedó en el olvido.

Continúa el mundial de Rusia 2018. La lista de competidores se va haciendo cada vez más corta y conforme pasan los partidos aumentan el terror a la derrota y la sed de victoria. Hoy vimos el “último” partido del grupo “A”. Rusia, Uruguay, Arabia Saudita, y Egipto cerraron su primera fase.

Uruguay pasa a la siguiente ronda sumando 9 puntos (3 victorias) junto con Rusia; quien acumuló 6 puntos a lo largo de tres partidos. Por otra parte, Arabia Saudita y Egipto están fuera del torneo.

Con un total de 7 goles, la selección uruguaya revive por quinta vez la tradición a la que dio inicio en 1930 encabezando su grupo hacia la siguiente ronda. Rusia, sin embargo, rompe con la racha triunfal de huéspedes europeos y se vuelve la primera selección “local” en pasar ocupando el segundo lugar. Cosa que no había ocurrido desde España 1982.

Rusia parece haber abierto la puerta de una mala racha histórica. Mientras que, Arabia Saudita endulza su amarga eliminación con su primer triunfo en una copa del mundo en 24 años. Después de 12 partidos sin poder festejar una sola victoria, la selección y el pueblo árabe pudieron volver a saborear lo que creían perdido desde aquel 1-0 contra Bélgica en 1994.

Con las rachas vienen los títulos, y hoy vimos uno renovarse. De un portero a otro se pasó el legado de jugador más viejo en jugar una copa del mundo. El colombiano Faryd Mondragón se hizo de este título en el 2014 con 43 años (y 3 días) de edad. Hoy el egipcio Essam El Hadary pasó a la historia cargando este legado teniendo 45 años (y 161 días) de edad.

Momentos como estos nos recuerdan que no todo está perdido. Nos hacen saber que para salir de una mala racha sólo queda jugar el siguiente partido.

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