Como ayer, se trataba de un equipo latinoamericano enfrentándose a un gran equipo europeo. No obstante, la diferencia mayor se vio hoy en cómo pudo manejar cada equipo la situación.

Nota: La tierra, como un balón, es redonda y cada 4 años se encuentran en posición para que suceda el mundial. Cascarita es un proyecto en #CdeCancha que busca encapsular momentos del mundial de Rusia 2018 en 360 palabras. Cortas crónicas con C de Cultura, de Cascarita y de Cancha.

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Canal Abierto

Lo peor que le pudo suceder ayer a la selección mexicana lo vivieron hoy los panameños en el terreno de juego. El primer tiempo, que acabó con dos grandes ceros en el marcador, se veía como vislumbre de contención y resistencia frente al equipo belga.

Sin embargo, al volver de los vestidores la selección belga hizo lo que ha hecho mejor con los últimos 11 goles que ha anotado en copas del mundo: Anotar en el segundo tiempo.

De 15 tiros al arco fueron 3 los que entraron y definieron el marcador. Una goleada mosquetera de parte de la selección de Bélgica que se aprovechó de los errores cruciales de su enemigo.

Como ayer, se trataba de un equipo latinoamericano enfrentándose a un gran equipo europeo. No obstante, la diferencia mayor se vio hoy en cómo pudo manejar cada equipo la situación.

Panamá perdió no sólo el partido. Perdió también el control y la compostura. Se le “otorgaron” (aunque esto lo haga sonar a premio) 5 tarjetas amarillas a la selección panameña. Lo cual cabe resaltar, pues no suelen verse tantas amonestaciones a causa de jugadores estresados y desesperados en el primer partido. Más bien, es un espectáculo que se deja para cuando hay (mucho) más en juego. Como vimos durante la final del mundial de 2010 dónde Holanda recibió 7 tarjetas amarillas.

La pérdida de control de parte de los panameños no se limitó al cuerpo a cuerpo que provocó las amonestaciones. Se volvió también un juego “autodestructivo” que en angustias y ansias de anotar perdía el balón lejos de su portería permitiendo así a la selección belga recuperarlo para, en una carrera veloz y certera, acercarse al arco y tirar.

Parecía que la pelota no toleraba siquiera las patadas bruscas y casi iracundas del equipo panameño. Que buscaba consuelo en el temple y en las caricias de la selección belga.

El fútbol es impredecible. Quizá sea por eso que, como hay marinos que temen al mar, haya equipos que no se confían ni de ellos ni de su enemigo y por eso tratan con respeto y cariño a cualquier espíritu que decida manifestarse en la cancha.

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