Dos días recorriendo 45 kilómetros a pie, es una de las mejores formas para explorar el Nevado de Toluca y sus zonas aledañas.

Aquí viene…el anhelo de no volver a viajar otra vez

excepto a pie.

Walking Mexico

 

Existe un mito de autoría matlatzinca que atribuye el origen del Nevado de Toluca al desprecio que sufrió un sacerdote por parte de la diosa[1] del lago de Metepec. Xinan era el nombre de aquel hombre, que de tristeza se abrió el pecho dejando que su corazón se quemara hasta formar el volcán del nevado, conocido en náhuatl como Xinántecatl,  que quiere decir “hombre desnudo”. Hoy en día este volcán ubicado al suroeste de la ciudad de Toluca, a no más de 2 horas de la Ciudad de México, ofrece muchas opciones para explorarlo.[2]

Mi recorrido fue de 2 días, iniciando en la base del nevado por el andador turístico y con dirección al Ejido de Amanalco. Eran las 10 de la mañana, y con mi grupo nos dispusimos a estirar para la caminata del día que constaba de 25km. Antes de iniciar se nos indicó que pidiéramos permiso al volcán por la excursión que íbamos a efectuar, después nuestro guía nos dio a cada quien una semilla de cacao que podíamos dejar en cualquier punto del sendero para que definiéramos nuestra intención al hacer este recorrido. En ese momento me nació una pregunta que nunca antes me había hecho ¿qué buscó encontrar al hacer este viaje? Y más específicamente, en un momento en el que el mundo busca la inmediatez a toda costa ¿qué busco encontrar caminando?

Fotografía: Lorena Farfán Martínez

El día transcurrió lento, con un clima soleado. Nunca antes había pasado ocho horas en completo movimiento, sin pensar en nada además del camino a recorrer. El paisaje era boscoso, algunos senderos terrosos, otros con troncos, vegetación, riachuelos y hasta víboras de obstáculo pero en general fue un recorrido sumamente placentero. Los guías nos marcaban paradas en distintos puntos para comer lunch, hidratarnos y hacer otras necesidades.

Fotografía: Lorena Farfán Martínez

Por fin, a las siete de la noche, con los músculos adoloridos, llegamos al Parque Ecoturístico Corral de Piedra, un pequeño hotel fundado por pobladores del Ejido de Amanalco que consta de acogedoras cabañas, zonas de asador y un lago donde se permite pescar. Cenamos trucha (oriunda del lugar) y el grupo completo se fue a dormir antes de las diez de la noche. Al día siguiente nos esperaban otros catorce km de regreso.

A la mañana siguiente el frío se dejó sentir desde el momento en que saqué los pies de la cama. Cuando salí de la cabaña la vista de las montañas y el lago se encontraba cubierta por la neblina, un paisaje inusual para los citadinos. Después de desayunar dimos inicio al camino de regreso alrededor de las diez de la mañana. El recorrido fue más caluroso que el día anterior, esta vez nos tocó atravesar un riachuelo que algunos de los más deportistas del grupo se animaron a cruzar de un salto. También tuvimos oportunidad de ver borregos y vacas pastando. Llegamos a las tres de la tarde a una zona de meditación en Valle de Bravo, el recorrido había terminado.[3]

Fotografía: Lorena Farfán Martínez

De acuerdo a mi forma de ver el mundo, las personas que se encuentran en un caminar constante están en la búsqueda de algo, ya sea el entendimiento de asuntos pasados, la resolución del presente o la planeación de su futuro. Yo he encontrado en el viajar una forma de hacer caminatas sobre mi entorno, reflexionándolo desde fuera, como si saliendo de un día de mi vida pudiera pensar más claro para dar el siguiente paso. Esta conclusión la encontré gracias a la semilla que nos dio el guía al inicio. “¿Qué intención tienes al hacer este recorrido?”, me pregunté todo el camino. La semilla la dejé caer en uno de los senderos con más obstáculos, pensando que, así como las tuve ese día, siempre quiero tener entereza, claridad y paciencia para atravesar las dificultades del camino. Sobre mi intención, sospecho que no tiene un destino específico, viajar es lo que busco, estar en caminata constante. Y algo que les aseguro después de cuarenta y cinco kilómetros a pie, es que un viaje definitivamente se disfruta de otra forma si se hace caminando.

 

 

[1] Otros mitos dicen que se trataba de una sirena.

[2] Pilar Luna, Arturo Montero y Roberto Junco (coords.). Las aguas celestiales. Nevado de Toluca. México: INAH, 2009.

[3] Mi recorrido corrió a cargo de Rutas y Raíces, el proyecto de un grupo de jóvenes a los que les interesa el turismo con impacto cultural de todos los destinos que proponen. El itinerario está muy bien pensado para hacer de esta experiencia algo disfrutable aunque no seas un atleta de alto rendimiento. Me gustó mucho el contacto que tienen con la comunidad del poblado en el que nos hospedamos, así como el texto introductorio que se nos presto al inicio del recorrido, que indicaba flora y fauna del lugar. Les dejo el link para que les den un vistazo:  https://www.rutasyraices.com

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