#CdeCancha es un proyecto que busca encapsular momentos del mundial de Rusia 2018 en 360 palabras.

Hoy viernes 15 de junio del 2018, el gigante histórico del fútbol latinoamericano que es Uruguay se enfrentó a una selección conocida más por sus momias y esfinges que por su juego: Egipto.
El fútbol es una guerra convertida en teatro y danza. Un espectáculo donde el desenlace puede burlarse de los jugadores y cambiar repentinamente como lo hace de dirección el viento.

Nota: La tierra, como un balón, es redonda y cada 4 años se encuentran en posición para que suceda el mundial. Cascarita es un proyecto en #CdeCancha que busca encapsular momentos del mundial de Rusia 2018 en 360 palabras. Cortas crónicas con C de Cultura, de Cascarita y de Cancha.

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Cabezazo, Gol, y Goliat

David contra Goliat es uno de los mitos más importantes para el Fútbol. Sin que se trate de David Beckham o de “golear”, esta historia en que nuestro corazón se aferra al personaje en desventaja que sobrepasa sus propias limitaciones y encuentra paso hacia la victoria frente a un adversario superior, se ha vivido más de una vez en la cancha.

¿Qué pasa entonces cuando nuestro “héroe” en desventaja no triunfa y a pesar de haberlo dado todo se derrumba frente a Goliat?

Hoy viernes 15 de junio del 2018, el gigante histórico del fútbol latinoamericano que es Uruguay se enfrentó a una selección conocida más por sus momias y esfinges que por su juego: Egipto.

El fútbol es una guerra convertida en teatro y danza. Un espectáculo donde el desenlace puede burlarse de los jugadores y cambiar repentinamente como lo hace de dirección el viento.

Por esta secreta y caprichosa voluntad del balón, los goles de último minuto son siempre un drama. Nos recuerdan que puede pasar todo entre el primer y el último silbato del partido.

89 minutos aguantó y contuvo la selección egipcia los ataques uruguayos. 89 minutos en que el esfuerzo y la atención a los errores del contrincante fueron armas de resistencia contra la manada sudamericana.

David resistía firme frente a Goliat en el terreno de juego. Hasta que, en la recta final, fue Goliat quien dio el golpe fulminante. En el minuto 90, con un cabezazo anotó la selección uruguaya.

De un brinco los hinchas y jugadores de la banca uruguaya se juntaron en el éxtasis de un gol. Egipto, por otra parte, contenía el aliento y trataba de no rendirse tras haber recibido esa bala blanca al corazón.

No sabremos nunca qué habría sido del partido si las voluntades del balón y de la selección egipcia no se hubiesen desentendido en los últimos instantes del segundo tiempo. No decidimos nosotros si cualquiera de los dos equipos merecía o no ese final. El partido acaba, entran los jugadores a las duchas, y el balón del mundial como el mundo mismo sigue dando vueltas por fuerzas más allá de nuestro querer.

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